En tránsito

eduardo / jordá

H asta luego, gánster

HE visto el vídeo en el que David Fernández, un diputado autonómico catalán de la CUP (la extrema izquierda independentista), llama a Rodrigo Rato "gánster" y le amenaza con tirarle una sandalia y se despide de él con un amenazador "nos veremos en el infierno". No le tengo ninguna simpatía a Rodrigo Rato ni a los personajes como él que han ganado millones a costa del sufrimiento de los demás, y para eso basta acordarse del engaño de las "preferentes" o de la maquinaria terrorífica de los desahucios. Y tampoco me olvido de que la caja que presidió Rodrigo Rato quebró de forma escandalosa y tuvo que ser rescatada con fondos públicos que hemos tenido que pagar entre todos. Eso es indiscutible. Pero tampoco me gusta el matonismo que practica el diputado de la CUP, ni su tono de fría ira irracional, porque esa ira no es la cólera genuina de los que han sufrido de verdad la pobreza y la angustia, sino tan sólo la ira postiza de alguien que se ha apropiado del dolor ajeno para construir con él un discurso intelectual y también un modo de vida.

"Su infierno es nuestra esperanza", le dijo el diputado de la CUP, y a Rodrigo Rato se le quedó el rostro pálido como la leche, y me alegro de ver a un poderoso que lo está pasando mal, siquiera sea durante el breve tiempo que ha durado su comparecencia en el Parlament catalán. Pero también me pregunto cómo sería este país si los que ocupasen el poder fueran personajes como ese David Fernández, con sus sandalias y sus amenazas y su fe en la pésima retórica, que en el fondo es fraudulenta y sensiblera como toda retórica. ¿Seríamos más felices si nos gobernasen políticos como David Fernández en vez de banqueros como Rato? ¿Tendríamos menos desempleo o menos corrupción? ¿Serían mejores nuestros hospitales y nuestros colegios públicos?

El problema de esta extrema izquierda que enarbola las sandalias, aunque nunca toca con los pies en el suelo, es que tiene mucho público potencial. En los comentarios en internet, las amenazas contra Rodrigo Rato han tenido muchos más partidarios que detractores. Y sí, ya sabemos que los banqueros como Rato no necesitan amenazas ni matones porque ya cuentan con las leyes hechas a su favor. Sí, de acuerdo, pero la retórica y el matonismo tampoco nos van a llevar a ningún lado. En la Venezuela del difunto Chávez, patria de la retórica y el matonismo, la hiperinflación y los cortes eléctricos y la carestía de alimentos están a la orden del día. O sea, que ahí tampoco está la solución.

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