La ventana

Luis Carlos Peris

Y la autoridad se limita a ver, oír y callar

CONVENCIDO estoy de que la ola de niñaterío que nos invade no organiza sus botellonas con el solo objeto de beber, sino que entre sus alicientes figura, en sitio muy principal, lo de meterle el dedo en el ojo al prójimo y mientras más próximo, mejor que mejor. Cuando eran en la Gavidia se trataba de incordiar el paso del Gran Poder, que era una vergüenza la que allí se liaba, que hasta se llevó por delante la carrera de un prometedor político. La que se está formando en esta Feria en la portada es de horror, un atentado a la imagen de una fiesta que, en tiempos pretéritos, dio lustre y ayudó a la universalidad de Sevilla. Parece un campo de Agramante cómo queda la portada al paso de una juventud que, afortunadamente, no representa a todos los de su edad. No son mayoría, pero, angelitos, qué guarros son y con qué impunidad obran en presencia de la presunta autoridad.

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