PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Al auxilio del comedor social

EL Banco de Alimentos de Sevilla, que hace una extraordinaria labor para nutrir a los sectores sociales más desfavorecidos, ha pasado en un año de sentirse en la marginalidad a ocupar la centralidad del debate sobre la Sevilla real. Ya no puede identificarse únicamente a esta fundación con la entrega de víveres a los asilos de ancianos y a los comedores sociales de los transeúntes sin techo. La petición de comida se dispara porque las víctimas de la crisis son interclasistas y ya tienen hambre. Comerse las hipotecas no vale como sustitutivo.

El Banco de Alimentos es el recurso más demandado para llenar estómagos y se acrecienta su credibilidad a la hora de resolver problemas acuciantes, en comparación con la desbordada torpeza de las instituciones oficiales, cuyos mandatarios y adláteres están ahora agobiados con los recortes cosméticos de sus presupuestos. Ayer, en Sevilla, el ex ministro Jesús Caldera, ahora al frente de los estudios de futuro en el PSOE, volvió a empacharse de brotes verdes para prometer que se empezarán a ver el próximo año. Bla, bla, bla. Lo que quiere la gente de inmediato y verdes son los espárragos. De esos, al Banco de Alimentos, manden todos los que puedan.

Tras recabarse alimentos al reclamo de la Carrera Nocturna Guadalquivir, propongo que Sevilla, Betis y Cajasol, por recibir públicos masivos, se sumen al Banco de Alimentos y organicen la recepción de productos no perecederos (legumbres, aceite, arroz, etc.) en sus partidos como local. Parece una imagen de posguerra, pero más vale reconocer la realidad e ir al grano, evitando a ser posible montar festolines y vestirse de largo con una copa en la mano en función de las penurias del prójimo. Esa posguerra clasista hay que erradicarla también.

Si quieren ayudar al Banco de Alimentos con rapidez y sin sacar pecho, entren en su web, apunten sus números de cuenta en el Santander, Caja Rural del Sur y Cajasol, e ingresen su donativo en una de ellas.

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