La ventana

Luis Carlos Peris

De cómo ayudaba la eternidad al insomnio

POLVO eres y en polvo te convertirás tronaba la voz del predicador, habitualmente tridentino, en las altas bóvedas de la Magdalena para que nos fuésemos a la cama con más miedo que vergüenza tras habernos explicado de forma elocuente en qué consiste la eternidad. Cuando, cucharada a cucharada, se hayan secado los mares, la eternidad ni siquiera habrá empezado explicaba el predicador desde el púlpito. Y como la eternidad era el plazo de la condena en el infierno, de un infierno al que se accedía por un simple pecado mortal, pues a ver quién cogía el sueño, que quien esté libre de pecado... En fin que hoy es Miércoles de Ceniza y que se nos viene al caletre toda esa suerte de advertencias que tanto nos encogía los adentros. Y en este tiempo suenan a arameo aquellos ejercicios espirituales que tanto hacían por el insomnio, que hay que ver cómo nos íbamos a la cama con la cosa de la eternidad y su duración.

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