PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Más azul que Rubén Darío

CUANDO a los sevillanos se les pregunta qué quieren para su barrio, entre las demandas habituales está la petición de aparcamientos subterráneos, cuya carencia es un factor que incide directamente en la merma de productividad del acontecer diario en la ciudad. Por el tiempo que se pierde una y otra vez en buscar un hueco donde soltar el coche, y ya sabemos todos cómo y dónde lo dejan los insolidarios. Cuando se hable del Ayuntamiento de Sevilla, no le conceda la máxima de que lo bueno de las crisis es convertirlas en una oportunidad. La construcción de aparcamientos acumula más retrasos que el avión A400M. Pero la mayoría de los planificados hace un lustro seguirá en el cajón.

Hacerlos daría bastante empleo y mantendría en el tajo a muchas empresas constructoras y subcontratas. Pero todos los eslabones de la cadena para este tipo de obra pública se resienten de la evaporación del dinero. Triste paradoja urbana: hay tarea y terreno donde obtener beneficios, pero no hay quien asuma protagonizar un zafarrancho para construir aparcamientos.

El globo sonda sobre la extensión del pago por aparcar en la vía pública a barrios alejados del centro, como Bami, provocará uno de esos debates apasionados que da juego tanto para una conversación de barra de bar como para un Pleno municipal. Tintar de azul Sevilla más que Rubén Darío imaginó su primera poesía es un modernismo, y más que Domenico Modugno en Volare, obligará a las brigadas de gorrillas a replegarse a barrios incoloros. Si se decretaracomo acto de justicia que no levante agravios entre unos distritos y otros, crearían muchos puestos de trabajo como supervisores del cumplimiento de la zona azul en más de media ciudad. Porque es complicado aparcar tanto en El Porvenir como en el Cerro, en Triana o en Los Bermejales, en Heliópolis o Amate. Por eso el cabreo diario es de color negro.

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