Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

El baile de Don Vito

YA nadie duda, a la vista de las revelaciones parciales del sumario, que la podredumbre circulaba profusa y mansamente por la red de cloacas que nutría en parte la financiación del PP y que destacados dirigentes conocían, e incluso se beneficiaban, del enorme cenagal que acaudillaba Francisco Correa, rebautizado Don Vito. He escrito "ya nadie duda", pero rectifico, pues incluso ante la evidencia, como nos enseñó la Biblia, cabe el escepticismo. Y aunque ahí están las heridas abiertas para que los incrédulos introduzcan sus dedos en ellas y comprueben que la sangre no es pintura, siempre habrá quien prefiera mirad para otro lado, o comprar uno de esos periódicos a medida que ocultan las noticias desagradables para que las marquesas y la gente sensible no se priven a la hora del desayuno. En cualquier caso hay pruebas suficientes para acreditar cómo la marea pestilente llenó kilómetros de alcantarillas y cómo los muñidores obsequiaban trajes, relojes, bolsos y automóviles (detalles, en fin) a cambio de no interrumpir, sino todo lo contrario, aligerar, el flujo de las aguas negras.

Sin embargo, sigue habiendo incrédulos, digamos profesionales, que cierran los ojos y repiten las teorías conspirativas, aunque cada vez con menos persuasión. A comienzos del verano María Dolores de Cospedal aseguraba que su partido desconocía cuáles eran las imputaciones y exigía que el juez derogara el secreto sumarial como si fuera parte del compló. Hoy, cuando por fin se ha levantado el secreto de 17.000 folios, en vez de preocuparse por su contenido, el PP se sigue quejando de que ¡aún faltan 34.000! "El PP", dijo Rajoy ayer, "no mira para otro lado ante las denuncias de corrupción. Cualquier persona que haya hecho cosas que no debía tendrá que asumir su responsabilidad". En Valencia, sin embargo, no responden.

Bien, una cosa son las dudas y otra bien distinta los efectos que sobre el electorado del PP puede tener las evidencias de corrupción. Hay optimistas que creen que llegados a este punto el electorado se replanteará a quién dar su voto, es decir, si lo guardar para mejor ocasión o lo entrega a Rosa Díez. Yo creo el PP puede andar tranquilo, salvo que la crisis estalle en el partido y enfrente a las familias. La política es una actividad tan desmeritada que las tramas, los regalos o los favores son tenidos por normales: Rajoy es el chasis, y la trama, los entresijos. Además, la sensibilidad moral de la derecha es más dura que la de la izquierda. ¿Y quién, por un bolso o por un Don Vito, va a sacrificar la posibilidad de ganar unas elecciones que están al alcance de la mano?

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