PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

No le bailen el agua a la riada

LAS víctimas del accidente aéreo de la Operación Clavel y los damnificados por la última gran riada del Tamarguillo se merecían, 50 años después, una exposición que hiciera verdadera historia de las causas y consecuencias de aquel diciembre de 1961 tan fatídico. Por desgracia, el Área de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla ha apostado por exaltar en clave de nostalgia lo que todo el mundo recuerda y sabe. La Sevilla democrática de 2011 no puede hacer una crónica sentimental de la Sevilla franquista de 1961 sin hablar también de todo lo que no se hablaba ni escribía por entonces bajo el peso de la dictadura: de política, de ingeniería, de meteorología, de arquitectura, de urbanismo, de medio ambiente, de subdesarrollo. Ha incurrido en el sempiterno error de convertir una realidad tan importante y poliédrica en nada más que costumbrismo miope.

La capital de Andalucía, cuarta ciudad de España, fue asolada por el desbordamiento de un arroyo. Tremendo ridículo y tremenda negligencia política porque era obvia la prioridad de poner solución a las crecidas en Sevilla, del Guadalquivir o de sus afluentes. A punto estuvo de desbordarse el Tamarguillo un año antes, y también un año después. Pero las inversiones en Sevilla siempre eran postergadas o ralentizadas. Y la espléndida campaña de beneficencia iniciada por el gran locutor Bobby Deglané fue mancillada por la insensata temeridad de un piloto y de un fotógrafo, al que le gustaba captar demasiado cerca la panorámica de la caravana de camiones recibida por mujeres sevillanas ataviadas con trajes de flamenca.

No fueron una maldición divina, sino dos sucesos evitables, tanto la riada como el accidente de la avioneta sobre una población animada a imitar a Bienvenido Mr. Marshall. Las autoridades dieron la orden de que esa jornada no se trabajara, para provocar un ambiente festivo, a ojos del resto de España, que tapara la lacerante situación de miles de familias en barracones, de barrios enteros en busca de mantas, colchones y alimentos.

Con toda cordialidad se lo digo a José Lucas Chaves Maza, comisario de la muestra tras ser nombrado por el Ayuntamiento director de Proyectos y Actividades del Área de Cultura: hasta en el documental con testimonios de sevillanos que hacen memoria de la doble conmoción, se olvida por completo de las 30.000 familias que tuvieron que salir corriendo de sus casas en La Corza, Árbol Gordo, Amate, Los Carteros, El Fontanal y tantos otros núcleos; de todos los que vivieron la traumática experiencia de ser trasladados a refugios, sin saber cuántas semanas iban a permanecer de esa guisa. Ni un testimonio de alguna de esas personas, cuando fueron 150.000 sevillanos los que se quedaron sin hogar. Ominoso método de hacer historia. En cambio, hay declaraciones de Matilde Coral, Rafael Peralta y Sánchez Araújo. ¡Viva el tópico!

Increíble pero cierto: el Ayuntamiento de la Sevilla de 2011 centra la atención en la beneficencia de la Operación Clavela la vez que elude cualquier otra forma de solidaridad ejercida entre los propios sevillanos tras la riada. Y no pone el foco en la transformación de la ciudad a partir de ese siniestro total. Ni la creación de la Secretaría de Viviendas y Refugios, ni la construcción de barriadas (con sus luces y sombras) donde hoy viven más de 100.000 sevillanos. Y ni siquiera se le dedica un espacio a Gregorio Cabeza, quien al frente de dicha Secretaría tuvo que afrontar el tremendo desafío de procurar techo para tanta gente.

Enhorabuena por perpetuar la injusticia, la ignorancia y la incultura, fosilizando los recuerdos de lo poco que podían saber los sevillanos, e ignorando a las principales víctimas de ambas tragedias.

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