La esquina

josé / aguilar

Los banqueros son honorables

EL Gobierno Rajoy ha completado -como estaba escrito- la labor conjunta del poder establecido devolviendo la honorabilidad a un importante banquero condenado por los tribunales. ¡A quién se le ocurriría poner en duda la honorabilidad de un banquero!

Bueno, se le ocurrió al Tribunal Supremo, ignorante de que el Ejecutivo podía enmendarle la plana. Veamos el asunto, que tiene miga. El Supremo condenó en 2011 a Alfredo Sáenz, consejero delegado del Banco Santander, por un delito de acusación falsa contra unos deudores de Banesto, a los que denunció faltando a la verdad. La sentencia no era muy dura (tres meses de prisión), pero llevaba consigo la inhabilitación de Sáenz para ejercer funciones directivas en el sector financiero.

El Gobierno Zapatero indultó al banquero poco antes de marcharse, en uno de sus últimos Consejos de Ministros, cuando ya se habían celebrado las elecciones generales del 20-N. Se ve que no quiso dejar el poder sin resolver ese entuerto. No obstante, el Tribunal Supremo anuló parcialmente el indulto por considerar que ZP se extralimitó al cancelar las consecuencias administrativas de la condena, eliminando el impedimento para ejercer la actividad bancaria que la sentencia implicaba.

Ahora interviene el Gobierno Rajoy aprobando un decreto -adaptación de las recomendaciones europeas sobre el tema, dicen- gracias al cual los banqueros con antecedentes penales podrán continuar desarrollando su benemérita labor financiera. La condición será que los condenados conserven su honorabilidad, valor intangible que se medirá en función de "una conducta personal, comercial y profesional que no arroje dudas sobre su capacidad para desempeñar una diligente y prudente gestión de la entidad" y de su formación teórica en las áreas de banca y servicios financieros. No es aventurado pronosticar que el Banco de España valorará favorablemente el cumplimiento de estos requisitos y, en consecuencia, dará su visto bueno para que Alfredo Sáenz siga ejerciendo de banquero.

Y colorín colorado. Así termina la pequeña historia de cómo gobernantes de izquierda y de derecha, que se pelean por tantas nimiedades, estuvieron de acuerdo en hacer cada uno su aportación para que el poderoso financiero inhabilitado por el Tribunal Supremo por delito doloso quede limpio de polvo y paja y reintegrado no sólo a la sociedad, sino a la cúpula bancaria.

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