La ciudad y los días

carlos / colón

En barrera de manto

MÁS sinvergüenzas que el clérigo de Maqueda, el fraile mercedario y el Arcipreste de San Salvador de El Lazarillo de Tormes; más falso que el fraile de Boccaccio que se hacía pasar por el arcángel Gabriel para deleite de la señora veneciana; y además más mentirosos que ellos porque ni tan siquiera son sacerdotes o religiosos, resultan ser los impostores que se hacen pasar por curas para salir de preste en las cofradías.

Lo dijo el vicario general de la Archidiócesis dejando turulatos a los asistentes al Cabildo de Toma de Horas: "Cuando llamáis a algún sacerdote para que os acompañe como preste hay que controlarlo. El año pasado algunos de los que salieron no eran sacerdotes. Lo descubrimos después. Cuando queráis que os acompañe alguien que no sea de nuestra Archidiócesis hay que comunicarlo al delegado de Hermandades para que compruebe las credenciales". Multiplicando el estupor al añadir que las mismas precauciones hay que tomar con los predicadores, ya que "hasta nosotros hemos tenido a uno que luego hemos sabido que no es sacerdote". ¡Anda la osa! Así que algún desahogado predicador se ha colado por aquí obsequiando con su florido verbo como fray Gerundio de Campaza dejaba atónitos a los catetos de su pueblo soltando discursos sembrados de latinajos inventados. Y no como los scabatinos, que eran los clérigos de tan pocas luces que sólo se les permitía predicar cuando había escasos fieles, sino en los cultos solemnes.

Lo de los prestes es cosa de la picaresca de siempre, digna del Lazarillo o de ese capillita del Silencio llamado Mateo Alemán. Lo de los predicadores es mucho más serio porque afecta, no a salir en las procesiones en barrera de manto, sino a los sacramentos. Lo primero, siendo una sinvergonzonada que engaña la buena fe de los hermanos, podría hasta justificarse por razón estética: hay palios que hacen tentadora, muy tentadora, esa barrera de manto desde la que disfrutar las faenas de Juan Manuel o de Olmo. Pero lo de los predicadores ya no tiene ni esa gracia de los prestes pícaros, porque tiene que ver con lo más sagrado y lo más santo.

Así están las cosas.Teníamos pegagubiazos que pasaban por imagineros, peganotas que pasaban por compositores, abarrotaltares que pasaban por juanmanueles, bandas de El Emplastre que pasaban por procesionales… Ahora tenemos desahogados que se hacen pasar por prestes. Y lo que queda por ver.

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