crónica personal

Pilar Cernuda

Tiene bemoles

TIENE bemoles que los sindicalistas que se han mantenido mansos durante los años de gobierno que ha provocado la crisis laboral más grave que se recuerda, anden ahora a vueltas con una huelga general que encima quieren convocar el 11-M, fecha aciaga y dramática que debe servir para recordar el peor atentado jamás ocurrido en España, no para andar a vueltas con una huelga que impedirá conmemorar como se merece aquella página negra de la historia de España.

Tiene bemoles que los jóvenes que no movieron un dedo para expresar su rechazo a un gobierno que les ha quitado la esperanza de encontrar empleo en su país, en España, donde el paro entre los jóvenes está en torno al 50%, se solivianten ante unos recortes que les afecta, claro que sí, como afectan a toda la sociedad española sin excepción, y que están provocados por la pésima gestión de unos llamados socialistas que han dejado a España en la miseria.

Y tiene bemoles también que la nueva dirección del partido socialista, de la que forman parte destacados miembros de los gobiernos de Zapatero, del peor gobierno de la democracia, del gobierno que ha provocado la situación por la que protestan sindicatos y jóvenes, apoye las revueltas callejeras y las posibles convocatorias de huelga. No las promueven, pero las apoyan. Y al apoyarlas dan aliento a quienes han protagonizado actos vandálicos que van a hacer aún más daño a la España deteriorada por Zapatero y dan aliento a los movimientos radicales que se han incrustado entre los manifestantes sin que los estudiantes hayan hecho excesivo esfuerzo por marcar distancias con los grupos antisistema.

Este país puede salir del hoyo en el que nos ha metido Zapatero. Pero sólo puede hacerlo con medidas drásticas y dolorosas, que no habrían sido necesarias si el Gobierno anterior hubiera agarrado el toro de la crisis por los cuernos en lugar de mirar hacia otro lado. Mientras varios países europeos trabajaron a fondo para salvar la situación, aquí se negó la crisis y se repartió dinero a manos llenas a pesar de que las advertencias de que el pan para hoy era hambre para mañana. Como así ha sido, hoy hay hambre en España. Y los millones de españoles que pasan hambre quieren medidas expeditivas para superar la situación, sin que les importe el color del gobierno que las aplique. Lo peor para los españoles que viven en precario y que no tienen perspectivas de trabajar a corto plazo, es que los sindicalistas azucen la calle, que los telediarios internacionales ofrezcan imágenes de asaltos a bancos, quema de coches y agresividad inusitada, y que el principal partido de la oposición vea con buenos ojos esas algaradas quizá porque espera que, como en Grecia, ante el caos económico coloquen desde Bruselas un nuevo presidente del Gobierno.

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