La ciudad y los días

carlos / colón

La bestia tecnificada

LA evolución ética del ser humano no depende de las máquinas, por inteligentes que sean, ni de los avances tecno-científicos, por mucho que mejoren las condiciones de vida, sino de la educación. Sin ella somos bárbaros con móviles, depredadores emboscados en las redes sociales, salvajes con whatsapp. En sus manifestaciones extremas sabemos los nombres que tiene el avance tecno-científico sin un paralelo avance ético: Auschwitz e Hiroshima.

Ayer leíamos dos noticias locales que nos retrotraen a situaciones que creíamos superadas. En Sevilla Este la Policía ha detenido unos delincuentes habituales que, armados con navajas y cuchillos carniceros y jamoneros, se habían citado "para matarse entre ellos". En Olivares se ha detenido a unos rumanos que captaban a desgraciados de su misma nacionalidad para esclavizarlos. Dos habían logrado huir y un tercero, discapacitado psíquica y físicamente, fue liberado por la policía. Los alojaban en una cuadra sin ventanas, alimentaban con pan y agua, vejaban y amenazaban con un palo y un sable.

Así que peleas a cuchillo, como en la España barroca de embozados o la goyesca de los majos, y discapacitados explotados sin piedad, como en la Edad Media o los inframundos de la picaresca. Violencias, abusos y crueldades que recorren transversalmente la historia como una ininterrumpida línea recta entre las líneas dramáticamente divergentes del ascendente desarrollo tecno-científico y el descendente progreso ético-educativo.

Si hay una mentira repetida en nuestra sociedad es la del progreso educativo logrado gracias a universalización de la enseñanza gratuita y obligatoria hasta los 16 años. Este gran avance es sólo un marco. Lo importante es qué se enseña y cómo se hace, qué conocimientos y valores se transmiten, y cómo se adiestra en la racionalidad crítica que garantiza la libertad del individuo en respeto a las libertades de los otros. Este fracaso no se da sólo en las aulas, también en las familias, instancias educativas tan importantes como las escolares.

El desfase entre desarrollo tecno-científico y retroceso ético presenta su más dramático contraste en el mayor peligro que nos amenaza: las redes sociales captan a los terroristas fundamentalistas y los fanáticos del Estado Islámico graban con móviles y difunden por las redes las decapitaciones, la conversión de niños en asesinos o cómo queman a un hombre encerrado en una jaula.

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