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La tribuna

Pablo A. Fernández Sánchez

El blando vientre de Europa

ASÍ llamó Winston Churchill a los Balcanes, ese lugar donde ya el emperador Valentiniano divide al Imperio Romano, trazando una línea entre Oriente y Occidente por donde hoy día está Sarajevo. Desde entonces, los Balcanes han dado origen, incluso, a un concepto, el de la balcanización; es decir: la división violenta y artificial, auspiciada por potencias extrarregionales, de los países que integran una región.

La recientísima experiencia yugoslava no ha cambiado nada su ciclo histórico. Sin embargo, 2008 acaba de empezar por derrumbar un mito. El 1 de enero de 2008 comenzó la presidencia de turno de la Unión Europea que está siendo ejercida por Eslovenia, país procedente de una de las sangrientas divisiones balcánicas. Es verdad que su desintegración de Yugoslavia fue la única pacífica, probablemente debido a su economía moderna y a su rica cultura centroeuropea, que la alejaban del corazón de los Balcanes.

Eslovenia ya ha anunciado sus prioridades: la ratificación del Tratado de Lisboa, el lanzamiento eficaz de una nuevo ciclo de la estrategia de Lisboa (investigación y desarrollo e innovación, marco comercial competitivo, adaptación del mercado de trabajo, respuestas a los envites demográficos…), progresos en la solución de los problemas energéticos y cambio climático, proposición de nuevas perspectivas europeas hacia los Balcanes occidentales, reforzamiento del diálogo entre diferentes culturas, creencias y tradiciones espirituales.

Pues bien, la más compleja de todas sus prioridades va a ser la integración de Serbia en la Unión Europea. Como es bien sabido, cada presidencia semestral, con la que, por cierto, va a acabar el Tratado de Lisboa cuando esté en vigor, dicta la agenda hacia los intereses que le son propios. No es de extrañar, pues, que cuando preside Francia se mire al África negra, cuando preside España al Mediterráneo o América Latina, etc.

Eslovenia, para su propósito, cuenta con otros Estados balcánicos ya plenamente integrados en la Unión Europea y con la inestimable ayuda francesa que presidirá el próximo semestre la UE. De hecho, la presidencia eslovena ya ha anunciado una reunión informal de ministros de Asuntos Exteriores de la Unión para finales de marzo, con el tema monográfico de los Balcanes occidentales.

Ahora bien, no será fácil la entrada de Serbia en la Unión Europa. Hay dificultades e intereses internos y escollos insalvables a nivel externo. Muchos Estados de la Unión Europea están poniendo trabas importantes. Entre ellos, España.

Rimitrik Rupel, ministro de Exteriores de Eslovenia, ya ha manifestado su deseo de acelerar el acercamiento de Serbia a la Unión Europea. Considera que el Acuerdo de Asociación y Estabilización, primer paso para la integración europea, debería ser firmado si es posible a finales de este mes, porque la adhesión de Serbia es "una cuestión estratégica para la Unión Europea".

Sin embargo, Rupel no desconoce la posición del resto de Estados europeos al respecto. Países Bajos y Bélgica ya han expresado su preocupación por el insistente incumplimiento serbio en la entrega del general Ratko Mladic y el ex dirigente serbio Radovan Karadzic al Tribunal Penal Internacional que juzga los crímenes cometidos en la antigua Yugoslavia, antes de firmar cualquier tipo de acuerdo con Serbia.

Es verdad que siempre se encontraría una solución diplomática a esta cuestión. Ya se habla de colaboración efectiva en vez de entrega o de hacer permanecer las condiciones aunque no haya cumplimiento.

El otro escollo es mucho más delicado. Como es sabido, Kosovo ha planteado ya la posibilidad de independizarse de Serbia, aunque ya de hecho es un territorio que no depende de la soberanía material de Serbia. Kosovo para Serbia (también para Albania) es como Jerusalén para los palestinos o judíos; es decir, su centro espiritual histórico. Por ello, no concederá la independencia de forma negociada, a pesar de lo que le supondría su aislamiento económico de la Unión Europea. Esta situación le es innegociable. Por su parte, algunos Estados de la Unión Europea, entre ellos, España, han anunciado que no permitirán una declaración unilateral de independencia por lo que tendría de llamada en ciertos territorios europeos que reivindican la independencia. Sin embargo, el estatus de Kosovo no podrá ser el de un territorio administrado, como ahora, por misiones internacionales y tendrá que tener una solución definitiva.

Por todo ello, me temo que ese blando vientre de Europa sigue con sus indigestiones y las dificultades para la completa integración en la Unión Europea no serán fáciles de resolver.

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