El poliedro

Un 'blues' triste y caprichoso

Tras la amenaza de S&P's, la agencia de 'rating' Moody's echa más tierra sobre nuestras perspectivas económicas

SENTIRSE miserable no es lo mismo para un inglés o un irlandés que para un español o un colombiano. Mientras que, al confesarlo, los angloparlantes se sienten tristes, los hispanohablantes nos sentimos mezquinos, o alternativamente puede que nos encontremos en la indigencia. A esta disparidad en el significado de un término, fonéticamente casi idéntico en dos idiomas, es a lo que se llama "falso amigo". Si hablamos de empresa y economía, podemos citar otros judas lingüísticos: Economics no es económicos, sino Economía; advertise nada tiene que ver con advertir, sino con la publicidad; assessment es evaluación y no asesoramiento; un billet es más un cuartel que un billete; una quote es una cita y no una cuota; un billion inglés es mil veces menor que nuestro billón; una commodity, en fin, es una mercancía, sin importar si es cómoda o incómoda. Pues bien, cuando la agencia de calificación Moody's nos coloca esta semana en lo más alto de su ránking del Misery Index, ello no quiere decir que estemos a punto de volver a la posguerra, a la tiña, al boniato y al estraperlo. Quiere decir que nuestros índices de paro y de déficit fiscal, sumados, dan la cifra más alta de entre otros países: nos siguen de cerca Grecia, Lituania, Letonia y el Reino Unido. Dicho sea de paso, moody, como se llama la agencia en cuestión, significa caprichoso, de humor variable. Qué nombres tan pintorescos tienen estas agencias. Otra de las más famosas, Standard&Poor's, podría traducirse al español como Normal y Pobre: la semana pasada también lanzó un directo a nuestra credibilidad exterior al amenazar con rebajar nuestra calificación crediticia como país. Curioso resulta también el crédito y el reconocimiento que le damos aún a sus ratings y clasificaciones, a pesar de haberse pasado una década sin enterarse de que estábamos al borde del precipicio, mientras estos acreditadores calificaban como de máxima fiabilidad a Lehman Brothers o a los fondos de inversión que tanto han hecho llorar a muchos ricos hace nada.

Una traducción más atinada de Misery Index -una pena de índice, si su valor es alto- es complicada; mucho me temo que su creador, Richard Barros, jugó a ser llamativo e impactante. Sea como sea, el así traducido Índice de Miseria no es un amigo verdadero, porque presupone problemas sociales inminentes si el paro y el déficit fiscal son altos. De hecho, si crece, se puede convertir en un enemigo de cualquier economía. En el caso de España, nuestro déficit público no es superlativo (el británico es mayor, por ejemplo), pero nuestro 20% de desempleo esperado nos hunde en un ránking en el que estar el primero es lo peor. Huelga decir que es sin duda éste -el paro- el problema político y económico más grave de nuestro país, y no digamos de nuestra región. El recién revisado Índice de la Miseria ha causado convulsión en nuestros medios esta semana, y ha obligado a Zapatero a calificar a Moody's y demás de agencias de rating de entidades con "poca fiabilidad y credibilidad". Y así deberían de ser consideradas a la vista de sus recientes pifias... Pero no lo son, porque a falta de otras mejores, sus calificaciones siguen siendo el referente global y el baremo para dar crédito o invertir en un país, por no hablar del impacto que tienen sobre ese sutil motor económico llamado "expectativas". Atrás quedan sus estrepitosos errores de valoración, poco se recuerda que fueron auténticas escopetas de feria. La realidad es que España pierde crédito a marchas forzadas. No sólo el Estado, sino también -y mucho- las autonomías. El ingobernable poliedro político y competencial español se nos pone de frente como un dragón que arroja llamaradas de déficit público por la boca. Pero ése es otro cantar, un cantar triste, un miserable blues.

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