DE POCO UN TODO

Enrique García-Maíquez

La bolita

AZapatero todo le sonríe. Los españoles lo consideran el tipo ideal para salir de cañas. El único hombre que podía hacerle sombra, Chiquilikuatre, acaba de estrellarse en Eurovisión. Oposición no hay ni se la espera: está entretenida en explicarse los inamovibles principios de Rajoy.

La felicidad a ZP sólo se la estropea ZP, que de vez en cuando enseña la patita por debajo de un micrófono abierto. La primera vez fue eso de que la economía se la aprendía él en dos tardes. Después lo de que había que meterle tensión a la campaña. Y ahora le explica a José Manuel Lara que conviene infundir optimismo al personal, y que la crisis ni mentarla.

La psicología tiene mucho peso en la economía, por supuesto, pero la clave no está en alentar la despreocupación, sino en generar confianza. Y nada produce más inquietud que un Gobierno disimulando para que no nos entre el pánico. La euforia no crea por sí misma riqueza ni conjura las recesiones. De hecho, el primer hundimiento de los mercados internacionales, en diciembre de 1825, se produjo por sorpresa en una Inglaterra feliz. Casi el mismo optimismo antropológico se respiraba en Nueva York en 1929, antes del crack. Incluso entonces, Keynes, el economista de cabecera de la socialdemocracia, comentó alegremente: "Wall Street tuvo un mal día ayer" y se marcó un artículo en el New York Evening Post augurando un próspero futuro a empresarios y granjeros. Mientras, los ejecutivos empezaban a tirarse por las ventanas.

Otra variable fundamental es la previsión. Demuestra Zapatero poca sensibilidad social cuando inyecta optimismo (el nuevo opio del pueblo) a la ciudadanía sabiendo que los que están en la pomada, como Lara, hace tiempo que han asumido la crisis y están preparados para afrontarla. Como en el chiste, Zapatero nos aconseja: "No corráis, que es peor".

Su conversación a micrófono indiscreto pone en evidencia el método de trilero del Gobierno. Consiste en que el presidente, el ministro de Industria y, sobre todo, el vicepresidente Solbes, como tres cubiletes, lancen cada uno ligeros mensajes contrapuestos, corrigiéndose mutuamente con diferentes matices de alegría. Al final, uno no sabe dónde está la bolita, dónde la bola, la verdad dónde.

Les está faltando encima, quién lo diría, cierto maquiavelismo político. A unos ciudadanos concienciados de la crisis se les pueden proponer medidas de choque. Si el mensaje es que no hay crisis ninguna, ¿cómo nos van a vender las necesarias reformas estructurales? Rajoy puede seguir en la luna de Valencia, o sea, jugando a su congreso de Valencia. ZP se hace muy bien la oposición él solito.

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