PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

En bragas para adquirir ropa

CAE el telón navideño y todo parece similar. Re-cortes y Re-bajas. Vivir en la calle con miedo de quedarse... en la calle. He aquí tres escenas nocturnas con las que nos hemos topado.

Gratis, cueste lo que cueste. Al reclamo de la popular ropa Desigual, en su rutilante implantación en la calle Sierpes con tienda propia, hoy, las cien primeras personas que entren vestidas sólo con ropa interior son obsequiadas con dos prendas de vestir. Y ha habido voluntarios por la noche en Sierpes con sacos de dormir para garantizarse esa conquista textil, a cambio de una noche muy incómoda, y de quitarse la vestimenta sin reparo a exhibirse en bragas o en calzoncillos ante fotógrafos y cámaras de televisión. De todo se hace espectáculo.

Las prisas no son para el monedero. Me creo lo que me decía el taxista que me llevaba a casa, yo también lo vi al término de la Cabalgata del Ateneo. "Mire, en 30 años que llevo al volante, no he visto menos gente cogiendo taxi. Entre las nueve y las diez de la noche, pasé varias veces por el Prado, Ronda Histórica, Puerta Carmona. Las aceras estaban llenas de gente. Las paradas de autobús, atestadas. Y pasábamos varios taxis con el piloto verde encendido, en una y otra dirección, y nadie nos paraba para llegar antes a su domicilio y quitarse del frío y del cansancio en los pies. En mi vida me ha sucedido algo así. La gente está al límite y gasta sólo lo imprescindible".

Hay más días que ollas. Comencé las navidades consolando a una amiga del sector financiero, a la que el 23 de diciembre, cuando deseaba a sus compañeros felices fiestas, le comunicaron que era objeto de un expediente de regulación de empleo. Y las he terminado ayer escuchando a otra amiga, profesional de la asistencia social, a la que el 5 de enero, horas antes de llevar a sus hijos a ver a los Magos de Oriente, le dijeron desde la Alcaldía de su pueblo que se quedaba sin trabajo porque ni su ayuntamiento ni la Junta tienen dinero para prorrogar sus servicios de apoyo a mujeres marginadas o maltratadas. Ya no hay reparos en dar estos varapalos en las fechas que parecen señaladas emocionalmente para dar tregua a los problemas. Es la realidad descarnada y despiadada que pasa desapercibida porque se abriga en el pudor de los damnificados.

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