Doble fondo

Roberto Pareja

Una buena noticia

PINTAN bastos para el bipartidismo. Es uno de los grandes titulares que se pueden extraer de los últimos barómetros del CIS, más allá del azote del paro, de las miserias de la corrupción o del declive institucional propiciado por el rey del balonazo que se dedicó al pelotazo, aunque la hegemonía de PP y PSOE está aún muy lejos de entrar en barrena y los dos grandes aún se reparten el 65% de los votos.

Los socialistas han rebajado once puntos de distancia a los populares en intención de voto respecto a las generales del 20-N de 2011. Pero ese recorte tiene mucho más que ver con el sumidero repleto de promesas de Mariano Rajoy que con los méritos propios del primer partido de la oposición, como si todavía se estuviera levantando de la lona con visión borrosa tras perder buena parte de su poderío municipal (en las elecciones del 22 de mayo de 2011 volaron millón y medio de votos), quedarse con las raspas del autonómico (Andalucía y Asturias y pare usted de contar) y ceder 59 escaños en el Congreso. Todo por la miopía de Zapatero al no ver venir al toro que se le venía encima mientras silbaba y canturreaba ¿crisis, qué crisis? con el pan para hoy y hambre para mañana por montera.

El marrón se lo comió con patadas al tobillo Rubalcaba, que meses después de la debacle tuvo que lidiar con la irreductible Carme Chacón, que pisaba firme en su carrera hacia el timón del partido, aunque en el 38 Congreso Federal en Sevilla la ex ministra de Defensa perdió el paso por 22 votos. Pero ella conjuga el verbo rendir sólo en clave de producción propia, sin desmayo, y sigue ambicionando el liderazgo. Y servidor recuerda cómo se maneja con los periodistas. Y lo bien que sabe venderse. Y que a la política le sobran efectistas y le falta efectividad (el horno no está para bollos, menos huecos ) y que sobran las figuras amortizadas.

Decía ayer Rubalcaba que el problema en España no es el PSOE, sino la crisis. No es cierto. Si un Gobierno, por mucha mayoría absoluta que tenga el del PP, no tiene una oposición capaz de hacerle frente sin quebrarse cada dos por tres, estamos perdidos.

Así que la irrupción de Eduardo Madina suena a bendición entre Málaga y Malagón.

Y encima tiene abuela.

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