La crónica económica

Gumersindo Ruiz

Nuestra buena salud financiera

LA semana pasada vimos en la prensa internacional una discusión, en la que se apreciaba tanto recelo como admiración, sobre el sistema financiero español y su comportamiento en la actual crisis de confianza.

El motivo es el recurso de cajas de ahorro y bancos al Banco Central Europeo (BCE) para que éste les proporcione liquidez a cambio de garantías. Desde hace años las entidades financieras españolas utilizan sus carteras hipotecarias para emitir bonos y obtener liquidez, sólo que ante la dificultad de obtener dinero a un precio razonable, acuden ahora al BCE. Si como media se venían solicitando unos 20.000 millones de euros, esta cantidad ha pasado recientemente a 44.000, lo que ha generado comentarios, sin fundamento pero muy dañinos, tal como últimamente estamos acostumbrados a ver en algunos medios de comunicación, sobre los motivos de este incremento.

Los títulos hipotecarios que las entidades financieras están utilizando como garantía no son simplemente hipotecas, sino cédulas hipotecarias, obligaciones que tienen como garantía no préstamos específicos sino toda la cartera hipotecaria de la entidad que las emite, más su responsabilidad patrimonial. El mecanismo que se utiliza es emitir bonos de titulización que tienen como garantía esas cédulas, mantener en el balance esos bonos, y ponerlos como garantía en las subastas semanales de liquidez del BCE.

La cartera hipotecaria en España es un activo con historia y no puede valorarse por las operaciones de un par de años. Si un apartamento se compró en 1998 por 50.000 euros y con una hipoteca a 30 años por el 80 por ciento del valor, hoy nos encontramos con tres datos significativos: primero, hay ya una parte pagada de la hipoteca, con lo que la deuda de capital es inferior a los 40.000 euros iniciales; segunda, el apartamento cuesta 200.000 euros (es un caso real), esto es, cinco veces el valor de la hipoteca inicial; tercero, aunque se vendiera a mitad de precio, se obtendría 2,5 veces el valor de la hipoteca inicial.

Si este razonamiento lo extendemos (con un análisis riguroso) a la cartera hipotecaria española, se comprende por qué el BCE considera que se trata de una garantía de altísima calidad y no tiene inconveniente en darnos liquidez. Cajas y bancos asumen sus compromisos con la clientela en estos tiempos difíciles, y se dotan de medios de liquidez para continuar financiando la economía. En cuanto a la crítica de por qué no se colocan los bonos en el mercado en vez de en el BCE, la actual coyuntura es tan peculiar que los inversores no distinguen entre lo bueno y lo malo y rechazan, o piden un precio excesivo, por títulos con los que habitualmente se financiaba el sistema.

En suma, el comportamiento de todos los que intervienen en estas operaciones es impecable: cajas y bancos de forma previsora se procuran un colchón de liquidez, y el BCE cumple con su papel de proporcionársela al sistema, contando con garantías adecuadas. Este mecanismo no es excepcional ni se aparta de los procedimientos previstos en el funcionamiento del BCE y, desde luego, carece del sensacionalismo que algunos pretenden darle.

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