Crónica personal

Pilar Cernuda

¿Muy buena?

JOSÉ María Aznar ha declarado a la BBC que la situación actual de Iraq, sin ser idílica, es "muy buena". Ha dicho que ahora hay libertad y que se ha elegido a un gobierno democrático, y se reafirma en que la política de Bush respecto a Iraq, que apoyó el gobierno de Aznar, fue acertada.

El ex presidente se empecina en sostenella y no emendalla. Y se equivoca. Incluso su buen amigo Blair ha reconocido que era cuestionable la invasión de Iraq, y que él la apoyó porque creyó determinadas informaciones que, con el paso del tiempo, se ha demostrado que eran falsas. No acusó a Bush de ese engaño, entre otras razones porque se le podría replicar que él, Blair, contaba con unos servicios de información e inteligencia que estaban obligados a desenmascarar las falsedades de los servicios americanos si efectivamente se producían; pero Blair al menos ha dado marcha atrás en muchas de sus consideraciones anteriores, las que defendía cuando era primer ministro británico y viajó a Las Azores para apoyar la invasión.

La situación de Iraq no es "muy buena", ni siquiera buena. Se han deshecho de un presidente sanguinario, miserable, dictador y sátrapa, pero una guerra civil mina a la ciudadanía desde el día que comenzaron los bombardeos, el terrorismo islamista -que no existía- se ha hecho con la calle y la seguridad brilla por su ausencia. No hay día sin muertos en atentados, las rivalidades entre las comunidades religiosas son letales, han caído miles de policías y soldados entrenados por las fuerzas americanas para intentar garantizar el orden y los fundamentalistas han dado pasos de gigante.

Pero lo peor de las declaraciones de Aznar es que no reconoce los muchos errores políticos cometidos. En esos cinco años se ha demostrado que Bush mintió a los ciudadanos americanos, pero también a sus colaboradores internacionales, a los que engañó abiertamente; Aznar debería leer el documentadísimo libro de Woodward, con testimonios y confesiones que van desde Powell, Condoleeza y Rumsfeld hasta todos y cada uno de los militares con mando en plaza. Sigue Aznar empeñado en no ver que Sadam era completamente ajeno a los atentados del 11 de septiembre, que no existía ninguna conexión entre él y Ben Laden -al contrario, Ben Laden le despreciaba por su laicismo- y que aunque era absolutamente cierto que Sadam merecía ser desalojado del poder pues se trataba de un hombre miserable en todos los sentidos, era inadmisible hacerlo a través de una guerra que podría provocar, como provocó, miles de bajas civiles. Una guerra para la que se buscaron excusas que eran mentiras desde la primera a la última y que, además, no contaba con el obligado respaldo institucional.

Mejor haría Aznar en actuar como Blair.

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