LA Junta de Andalucía ha tenido que salir de nuevo a la palestra para, a través de la Consejería de Turismo, incrementar de 78.000 a 100.000 los euros que aportaba como apoyo a la Feria Mundial del Toro, para asegurar definitivamente su celebración, gravemente comprometida por la falta de patrocinios en el nuevo escenario de crisis económica. Previamente, la Consejería de Agricultura anunció otra inyección de 100.000 euros, con lo que, como ha dicho el alcalde, con estos fondos públicos y su efecto de arrastre sobre otros patrocinadores en principio renuentes se puede considerar desbloqueado el evento en Fibes. Ahora bien, las vicisitudes por que está atravesando esta edición aún en ciernes deben obligar a abrir un proceso de reflexión sobre el modelo organizativo y financiero para el futuro, ya que el cambio de ciclo económico no va a permitir gozar de las mismas alegrías presupuestarias que hasta ahora y fiarlo todo al burladero salvador de las administraciones públicas. El caballo y el toro, símbolos del medio rural de Andalucía, han servido de elementos inspiradores de dos de los salones con más exito de Fibes, pero mientras el Sicab está plenamente consolidado, la Feria del Toro no tiene el mismo poder de convocatoria y el mismo gancho que aquél. Es hasta cierto punto lógico que el Sicab tenga la repercusión que ha alcanzado, ya que el caballo se ha convertido en una auténtica industria que moviliza a miles de criadores y a centenares de miles de aficionados en todo el mundo. El planeta de los toros es muchísimo más reducido y su razón de ser es la cría sólo para la lidia, un festejo que ha ido perdiendo adeptos y que incluso ha pasado a ser cuestionado en estos tiempos. Hay además otra poderosa razón para explicar el éxito continuado del Sicab: los criadores contribuyen a financiarlo y han creado una poderosa organización que trabaja de forma permanente entre una edición y otra para acrecentarlo. Por contra, los ganaderos de reses bravas ni financian la Feria Mundial del Toro ni se han involucrado en su celebración. Así, cuando el sector público se cansa de aportar dinero (400.000 euros/año), el certamen se queda sin red y se cae. Si el planeta del toro quiere que sobreviva la Feria, debe implicarse al máximo en ella: no puede limitarse a ser un mero satélite de la Junta.

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