opinión

Emelina Fernández

Se buscan periodistas

SE buscan periodistas y reporteras/os entre 18 y 40 años. Buena expresión, fluidez de habla, capacidad para conducir un programa y disponibilidad para el desnudo". Es la reciente oferta de una empresa malagueña que no se molesta en reclamar a su futuro personal ni experiencia ni estudios. Otra perla, desgraciadamente cada día menos rara en el mundo digital: "El pago por artículo será de 0,07 euros. Deberán tener más de 200 palabras y una foto". Sí, 0,07, una cifra más británica por sus ecos dickensianos que por el lujo asociado al popular agente.

Sacudidos por la crisis financiera, desconcertados ante la vertiginosa evolución tecnológica y desprestigiados ante la sociedad, los periodistas ven cómo se hace confeti con los valores que no hace tanto se acuñaban en los solemnes carteles que presidían las redacciones.

El pasado 3 de mayo, en el Día Internacional de la Libertad de Prensa y en el Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz, donde se promulgó la Constitución de 1812, que estableció por primera vez la libertad de expresión y de imprenta, el Consejo Audiovisual de Andalucía rubricó un protocolo para conciliar la independencia de los tribunales y el derecho de los ciudadanos a estar informados. El reforzamiento de la confianza en la justicia y sus cronistas pasa por la exigencia, por la calidad, por evitar el amarillismo, los juicios paralelos y la vulneración de derechos. En Cádiz, Aidan White, secretario general de la Federación Internacional de Periodistas, aseguró que el periodismo atraviesa "su peor crisis", y mostró su convencimiento de que la solución pasa por hacer "más y mejor periodismo". Veía alguna luz en la oscuridad, y citó al diario alemán Die Zeit, que acaba de registrar los dos mejores ejercicios de su historia tras analizar los gustos de sus lectores y redoblar su oferta de piezas largas, serias y bien documentadas.

No basta con que haya informativos, si no hay informadores de verdad. No basta con que haya periódicos, si no hay periodistas. No basta con acusar, si no hay equipos de investigación. No basta un artículo de la Constitución si administraciones, empresarios, profesionales y público lo convertimos en papel mojado. Tras las grandes audiencias está la ciudadanía, con tiene derecho a una información veraz e independiente. Trabajar en la defensa de ese derecho es la senda que llevará a la profesión a recuperar el prestigio perdido.

No es buen momento para equivocarse, pero decisiones como la de nombrar al presidente de la corporación de RTVE sin el deseable consenso no ayudan. Y la paralización de la creación de organismos de control democrático -como el Consejo Estatal de Medios Audiovisuales- tampoco es una buena noticia. Debemos apostar por un gran pacto colectivo para que el denominado cuarto poder se ejerza desde la ética, desde el uso riguroso de los datos, la búsqueda de la objetividad y el respeto a la intimidad y al honor de las personas. Sólo así -con o sin nuevas tecnologías- la profesión periodística logrará reencontrarse a sí misma y, al mismo tiempo, recobrar el favor de una sociedad que los necesita y los busca, una sociedad que demanda, ahora más que nunca, saber qué ocurre, cómo y por qué está ocurriendo.

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