Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

Se buscan superhéroes

NO hay nada más decrépito que un superhéroe decrépito. Ellos son ídolos a los que admirar, con los que soñar mundos mejores donde, los buenos, siempre terminan venciendo a los malos. Por eso, al ser trasladadas sus aventuras y desventuras a la gran pantalla, suelen contar con varios alternantes que, de uno a otro, van pasando el testigo de su fortaleza física, su agilidad y, por qué no decirlo también, su belleza.

Imaginan a un Superman con ochenta años? ¿Sería creíble Batman con bastón? ¿Podrían defender igual a la humanidad Los cinco fantásticos con dentadura postiza y batita de guatiné? No, ¿verdad? Entonces, ¿cómo puñetas se atreve Sylvester Stallone a resucitar su personaje de Rambo? Porque, por encima de que su credibilidad como actor ha sido siempre bastante cuestionable, son ya sesenta y un añazos los que soporta su cuerpazo escultural esculpido a base de horas y horas de gimnasio y dietas hipercalóricas. Y con seis décadas, saltos los justos. El otro día vi un avance de esta producción en el cine, que mañana presenta el actor en Madrid, y me provocó un ataque de risa tal que por poco tengo hasta que salir de la sala porque, queridos amigos, el descuelgue de la boca de Stallone en mitad de la selva y con la cintita de guerrero en la cabeza, es para no perdérselo. Su clásico "No me siento las piernas" ha sido sustituido por el grito de "¡Birmania está en guerra!" que, de haber proseguido Sardá con sus "Crónicas marcianas", lo estaríamos escuchando hasta la saciedad en sus recordados cachondeos nocturnos. Ahora la cosa ha cambiado y, el humor, se ha trasladado a programas como "Supervivientes" donde todo el mundo está pendiente, esta temporada, de lo que pasa con Joselito y Karmele Marchante. A mí, ya que la cosa de hoy ha tomado este cariz, se me asemejan a La hormiga atómica y la temida Medusa que, mirando a los mortales con sus ojos de fuego y cabellos de serpientes, los volvía estatuas de piedra. No están mal pero siguen siendo insuficientes. La humanidad está en peligro.

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