la esquina

José Aguilar

Los cacos cibernéticos

HAY ladrones vía internet de muy diverso pelaje y peligro. Los más conocidos son los que roban los derechos de autor de música y películas, como el aparatoso ése que detuvo el FBI hace una semana, pero éstos al menos benefician al usuario al permitirle la descarga de creaciones que se disfrutan. Aunque sea ilegalmente y se amparen en la libertad de expresión...

Otros roban directamente al ciudadano común que está tranquilo en su casa o su oficina utilizando los maravillosos servicios de la red. Se ha dado en englobar sus prácticas bajo la denominación general de fishing (pesca), porque se basan en que el internauta pique el anzuelo que le tienden los piratas informáticos. Picar el anzuelo significa facilitar los datos de la cuenta corriente o la tarjeta de crédito dando involuntariamente a los piratas el instrumento que buscan para desvalijar a la víctima en menos tiempo del que necesita para persignarse un cura loco, según el rancio dicho popular.

¿Cómo lo consiguen? De varias maneras. Una muy frecuente es mediante el envío de miles de correos electrónicos haciéndose pasar por entidades bancarias, con cuidadas imitaciones de logotipos, emblemas y lenguaje, en los que informan a los clientes de las mismas de que necesitan actualizar sus datos y les piden introducir el número de su tarjeta y la clave secreta de uso. Otras veces el pretexto es que la tarjeta ha sido desactivada y que el cliente debe proporcionar los datos para poder utilizarla de nuevo. Otra fórmula más sofisticada consiste en lograr los números de la estafa no mediante esa especie de buzoneo indiscriminado, sino atacando informáticamente las bases de datos de bancos y empresas y sometiéndolos al mismo proceso de embaucamiento.

No es que sean muchos los incautos que se tragan el anzuelo, pero hay que tener en cuenta que los ciberdelincuentes siembran en un terreno amplísimo. No les cuesta nada enviar cientos de miles de correos electrónicos. Saben que algunos caerán en la tierra fértil del internauta neófito, desavisado, despistado o ignorante. En cuanto dispone de las claves requeridas, la banda vacía la cuenta correspondiente o se dedica a quemar la tarjeta comprando toda clase de objetos que luego serán revendidos. Hace poco se desarticuló una red de compradores con tarjetas previamente asaltadas que incluso daban falsos domicilios a los distribuidores de los electrodomésticos que encargaban y esperaban la llegada del transportista en los portales de las casas elegidas para coger el envío y desaparecer.

Veintiséis millones de euros se han embolsado los cibercacos en tres años. No es mucho, pero va a más. El crimen no descansa.

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