La ciudad y los días

carlos / colón

Se fue el caimán, llegó el tiburón

AYER se cumplieron 40 años del estreno de Tiburón, la película que afianzó definitivamente una generación de directores tan distintos entre ellos en sus estilos como parecidos en su afán por crear un nuevo cine con materiales tomados de todas las edades que el cine había vivido: en ello coincidían las muy distintas El Padrino (1972), Tiburón (1975), Taxi Driver (1976), Annie Hall (1977) o La guerra de las galaxias (1977). Permítanme que presuma de padre: desde mayo de 1968, cuando se estrenó en Sevilla Ya eres un gran chico en el Cervantes, mi padre, como reflejó su crítica en Abc, vio en Coppola la avanzadilla de una generación que tendía un puente entre la comedia americana y los nuevos cines europeos.

Tiburón cambió la historia del cine dando el paso definitivo hacia las grandes máquinas de entretenimiento pensadas para el público ya entonces mayoritario: los jóvenes. Y consagrando nuevas formas de explotación, entre ellas el estreno en verano y el taquillazo instantáneo y brutal. 40 años después vivimos en el mismo universo y Spielberg, esta vez como productor, puede presumir de seguir batiendo récords veraniegos: si Tiburón batió en el verano de 1975 los entonces establecidos, en el de 2015 Jurassic World ha sido la primera película en superar los 500 millones de dólares en su estreno y alcanzar solo en dos semanas los mil millones de recaudación.

Vengamos a Sevilla. El Padrino llegó al Imperial en noviembre de 1972, Sueños de un seductor al Cervantes en septiembre de 1973, American Graffiti al mismo cine en noviembre de 1974, La conversación al Emperador en mayo de 1975, Taxi Driver al Imperial marzo de 1977, La guerra de las galaxias al Alameda y el Emperador en diciembre de 1977 y Annie Hall al Imperial en mayo de 1978. ¿Y el escualo? Tiburón llegó a las pantallas del Villasís y Los Remedios un mes después de la muerte de Franco, en las Navidades de 1975. Se fue el caimán (¿recuerdan el final de Canciones para después de una guerra?) y llegó el escualo. Casi no le hacía falta publicidad. El verano anterior los Telediarios y la prensa habían informado de este fenómeno que sembró el histerismo en las playas americanas, creó largas colas ante las taquillas en pleno verano y desató un furor de mercadeo con camisetas, gorras o collares con dientes de tiburón de plástico. Cambiaba la historia del cine ante nuestros ojos.

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