Fijación escrita

Carmen G. Frigolet / Cgutierrez@grupojoly.com

Sin cámara oculta en las urnas

S ÓLO escucha", me dijo, mientras colocaba el auricular en mi oreja izquierda. Me sonríe, esperando mi reacción. Y, de repente, llega la rima: ¿Cómo se dice? ¿Cómo se llama? / ¡Obama! ¡Obama! Entre risas, me cercioro del mensaje. Stop. No soy la única que ha quedado embelesada ante el candidato democrático a la presidencia de EEUU. En Hollywood, muchos ya han alabado las bondades del 'Martin Luther King del siglo XXI'. Despierta pasiones. Por ejemplo, en la actriz Scarlett Johansson. Ya quisiera más de uno. "Estoy comprometida… con Barack Obama", reveló a la prensa. En las mismas aguas, nadan famosos como Eddie Murphy o Susan Sarandon. Al otro lado del ring mediático, Hillary Clinton. Sin sombras ni escándalos de faldas de por medio. Junto a Sally Field y América Ferrara, entre otros simpatizantes. Los presidentes que leen cuentos infantiles al revés -y en momentos de crisis- tienen los días contados. Y eso que hubo quien apoyó a Bush hasta en épocas de agitación popular. ¿Quién fue esa voz valiente? La de Britney Spears. Otra no podía ser. Fue la alarma inicial de una cadena de lastimosas incongruencias que, a día de hoy, parecen no tener fin en la malograda vida de la ex princesa del pop.

Como no creo que llegue por sorpresa mi nacionalidad estadounidense, asisto al baile de máscaras del bipartidismo nacional. Cada vez más calculado. Y más circense, en definitiva. Intrusismo al por mayor. En las farolas, en el suelo, en el buzón, en la radio y, cómo no, en televisión. Te clavan la mirada. A cada paso. Y una no sabe ya dónde mirar. Para otros, con nombres y apellidos, su voto carece de secreto. PP para Butragueño o Carballo. Sabina y Echanove eligen PSOE. Que traducido resulta: el estatuto del deportista contra la ley del canon digital. Hasta aquí pueden leer. ¡Qué aburridos! Con lo distraída que está la comedia romántica, en el Eliseo. Volviendo al principio. Sarkozy también tiene su canción o cantinela... La que se ha quedado más tranquila es Ségolène Royal. Sin flashes.

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