Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

Lo que cambia un minuto

S I leen ustedes estas líneas hoy antes de la una del mediodía, y pasean por la calle en la que reside Tony Leblanc en la localidad madrileña de Villaviciosa de Odón, estarán en la vía Cerrillo. En cambio, una vez el reloj marque un minuto después de la hora mencionada, se encontrarán con que la suya es otra ubicación, rebautizada esta vez bajo el mismo nombre del actor. "Estoy aturdido y emocionado", me reconocía ayer este incombustible luchador que, superando en vidas a los gatos, sigue recuperándose del infarto sufrido a finales del mes de septiembre pasado. "Menos mal que me pilló en casa, si no, no estaría hablando contigo".

Atendido por Isabel, su esposa originaria de la localidad de Posadas pero criada en el barrio sevillano del Cerro del Águila, Leblanc me preguntaba con cierta picardía "¿Recuerdas dónde nací?". "En Madrid, ¿no?", respondía yo con cierta inocencia. "¿Eso es todo lo que sabes de Tony? ¡Mi madre me tuvo un siete de mayo de 1922 en la Sala de los tapices de Goya en el Museo del Prado!". Como decimos en Andalucía, "casi ná".

El caso es que, 86 años después de aquello, el artista -quien ya tiene una calle en Benidorm-, va a ser protagonista de una doble celebración, la aplazada de su cumpleaños y la de recibir cartas a "Tony Leblanc en la calle Tony Leblanc". Un acontecimiento al que acudirán sus ocho hijos, sus nietos y amigos como Sara Montiel, Maruja Díaz o Concha Velasco. Vamos, lo que se dice un fiestorro por todo lo alto. Por si fuera poco, sus compañeros de Cuéntame le han solicitado su reincorporación al rodaje de la serie con lo que, la próxima semana, lo tendremos de nuevo en activo y dispuesto a continuar agradándonos con un oficio en el que debutó, echen las cuentas, en 1944 junto a Celia Gámez.

Les confieso que hay espinitas profesionales, como la de haber entrevistado a Lola Flores, que me duelen en el corazón pero, al mismo tiempo, reconozco mi fortuna por compartir la simpatía de algunos de los más grandes entre los grandes y, Tony Leblanc, lo es. Por méritos propios.

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