desde mi córner

Luis Carlos Peris

Cómo todo cambió en 8 años

Reyes se vendió en enero de 2004 para poder salir de la penuria y ahora ha vuelto a un Sevilla lleno de urgencias

CAPRICHOSAS que son las circunstancias, gracias a que el fichaje tuvo características de culebrón, el retorno de Reyes a casa se ha producido en plena eclosión de los Magos de Oriente. Reyes ha vuelto por Reyes como el mejor regalo de Reyes para el sevillismo. El canterano con más talento que salió de los potreros de la carretera de Utrera vuelve en el día de los regalos y es un motivo ideal para que el sevillismo se sacuda ese tiempo gris que vive el equipo, que hay que ver los calificativos vertidos por gente de tanto peso como presidente y entrenador para analizar el partidito del Sevilla antier noche junto al Turia.

Vuelve Reyes ocho años después, que hay que ver cómo pasa el tiempo de ligero. Parece que fue ayer cuando se fue a Londres para, con el dinero que pagó el Arsenal, ponerse el primer trazo del magnífico proyecto que tanta plata acarreó a la sala de trofeos del coliseo de Dato. Aquel dinero fue el primero que llegó para que la deuda del Sevilla se convirtiese en lo que era según Del Nido, mera calderilla. Con aquel dinero se acabó el tiempo de austeridad que en buena hora auspició Roberto Alés para sortear la ruina. Y hay que ver lo mal que acogió el sevillismo aquel traspaso justo antes de una vuelta copera... precisamente en el Vicente Calderón.

Ocho años después vuelve a casa Reyes y sólo cabe desear que las expectativas que se han abierto con ese retorno se conviertan en realidad. Y aunque nada tiene que ver este futbolista con el que se fue, aunque aquellos desbordes vertiginosos hayan derivado a pases milimétricos, su llegada puede tener carácter de revulsivo para una afición que no acaba de entender a qué juega su equipo. Y en esta vuelta, si Reyes no es el que se fue, tampoco el Sevilla es como era entonces. Entonces, Reyes hubo de irse para salir de la penuria y ahora es repescado para devolverle la ilusión a una clientela que empieza a añorar ese tiempo en que la plata no dejaba de entrar en Nervión.

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