POR tercera vez en diez meses -con el hartazgo que genera- los andaluces estamos llamados a las urnas, esta vez para renovar a los 109 diputados que se sientan en la antigua capilla del hospital de las Cinco Llagas, sede del Parlamento de Andalucía. La tríada se consuma porque el presidente autonómico, José Antonio Griñán, optó por separar su destino del de Alfredo Pérez Rubalcaba en busca de mejores opciones electorales que el 20-N.

Aparentemente, las encuestas parecen darle un resquicio a la esperanza: aun puede conservar el Gobierno de la Junta si el PP no alcanza los 55 escaños que dan mayoría absoluta. Dicho de otro modo, su decisión de retrasar las elecciones autonómicas plantea aún más la disyuntiva entre cambio y recambio. El cambio que propone el PP de Javier Arenas o el recambio del gripado PSOE de Griñán con IU como pieza no original.

Y así estamos los 6.228.955 andaluces censados que están llamados a las elecciones más decisivas en decenios: determinando por un puñado de papeletas si tras 30 años consecutivos de poder hay alternancia o no.

Desde que se puso al timón de la Junta, primero, y del PSOE-A, después, a Griñán nada le ha salido bien. Ahora confía en que en la hora decisiva cambie su suerte. Arenas, que al fin gana con claridad elecciones en Andalucía, acaricia su largo objetivo: presidir la Junta. Las encuestas de hoy no le garantizan la mayoría absoluta, aunque no hay ninguna que no le dé como vencedor. Pírrica será la victoria si no gobierna. Pese a ello creo que las encuestas son las mejores para él, las que más le convienen.

Que no esté asegurado el cambio al cien por cien va a movilizar, a mi juicio, al electorado que lo demanda. La propia consulta del Centro de Investigaciones Sociológicas es muy reveladora en ese sentido: dibuja una Andalucía de izquierdas que ya no confía en el PSOE, llena de indecisos, muchos de ellos antiguos votantes que les avergüenza admitir su traición. Una pregunta lo marca todo: un 46,8% de los 3.140 desaprueba la gestión del Gobierno de Griñán. Sólo le aprueba el 27,5%.

Creo que la participación lo determinará todo. La barrunto baja, como en 1990 -últimas separadas y casualmente también con renovado candidato socialista-; y eso favorece al PP.

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