Cuchillo sin filo

Francisco Correal

En camión con Fernando Alonso

NACIÓ el mismo día que murió Miguel de Unamuno. El último día del año 36. Vida en el último suspiro del año de la muerte, de la guerra más cruel. Pilar García Romero, que con los años se convertiría en mi suegra, vivió su particular ¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!, el espantajo dialéctico que Millán Astray le espetó a Unamuno en la Universidad de Salamanca de la que era rector.

Pilar nació en la misma ruta de la Plata que atraviesa la universidad salmantina. En Santa Olalla del Cala. Hija del año 36, murió con sus capicúas 63 hace justamente diez años. El mismo día que el mar se tragó a los marineros rusos que quedaron atrapados en el submarino Kursk. El día que la ingresaron, 31 de julio de 2000, yo terminé de leer con lágrimas en los ojos la novela Bella del Señor, de Albert Cohen.

Cuando Pilar se abrió paso el último día del 36, su padre, Gregorio Romero Carballar, conocido en Santa Olalla como el Zaranguangua, barbero de profesión, no estaba en casa. Como otros republicanos de su pueblo -él llegó a ser concejal por Izquierda Republicana-, huyó el 3 de agosto de 1936 cuando las llamadas tropas nacionales entraron en Santa Olalla del Cala. Rafael Cid, un aficionado al ajedrez que consiguió traer a Sevilla a Karpov y Kasparov para que lucharan por el cetro mundial, se dedica ahora a investigar la represión franquista en la Sierra de Huelva. Me buscó el informe que acompañaba al Consejo de Guerra en el que Gregorio Romero se vio "encartado" con otros 16 hombres, uno de ellos "pasado por las armas" el 13 de octubre de 1937 en la Nava de la Higuera. Mi suegra tenía 19 días de vida cuando su padre se presenta a las autoridades. Ni dos meses cuando el 7 de febrero es ingresado en prisión.

En su manifestación declaró que dejó el pueblo el 3 de agosto "tomando un camión en unión de un hermano suyo, un cuñado y un tal Fernando Alonso...". Así anduvieron por Llerena, Azuaga, Usagre y otros lugares de Badajoz hasta acabar en el valle de las Sanchas. Lo acusan de hacer campaña por el Frente Popular "en el zaguán de la barbería". No vieron nada delictivo en su comportamiento. Pero firmar por otro que no sabía hacerlo o cumplir una guardia con una escopeta que nunca utilizó merecieron doce años y un día de condena. El barbero se casó con Enriqueta Testillano, hija de un juez de El Tiemblo a la que su familia encerró en un convento para impedir el enlace. El amor es más fuerte que las celdas. Después de Pilar vinieron Pepe, Luis y Vicente. Los hijos del barbero. Por las cuentas igual le cortó el pelo a Miguel Hernández en la cárcel de Huelva después de que al poeta lo detuvieron en El Rosal de la Frontera con Neruda esperándole en Lisboa con un pasaje para el exilio.

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