La esquina

josé / aguilar

Una campaña en televisión

UNO de cada tres españoles no tiene decidido si votará dentro de dos domingos ni, en caso afirmativo, a quién. La campaña electoral se hace para ellos. La de diciembre fue importante: muchos indecisos se decantaron durante la campaña, e incluso en sus últimos días. Esta de ahora también puede ser fundamental. Para confirmar las tendencias detectadas en las encuestas, para frenarlas o, por qué no, para invertirlas. Uno de cada tres presuntos electores son muchos electores.

En esta campaña se constatará la inexistencia de grandes mítines. Dicen los estrategas de los partidos que prefieren muchos actos sectoriales, paseos callejeros y contactos con grupos sociales. ¡Qué va! No es que no quieran organizar mítines multitudinarios, es que no hay multitudes que acudan a ellos. Tampoco habrá despliegue de cartelería exterior, vallas y banderolas, por aquello de la austeridad y el complejo de culpa de los políticos por su incapacidad en la minilegislatura anterior.

La campaña se hará por televisión. Porque es más barata, cómoda, eficaz y universal que cualquier otro soporte de comunicación. Curiosamente, la preferencia de los candidatos y sus asesores no se centra en los debates y demás programas informativos, sino en los formatos de ocio y entretenimiento (tertulias, encuentros con niños, reportajes, entrevistas a domicilio, programas de humor) en los que el aspirante a la Moncloa muestra su lado más distendido, personal y "humano". Bueno, intenta mostrarlo, porque algunos no consiguen salir de su acartonamiento y aparcar el discurso impostado.

Hay que reconocer que en este apartado el candidato de Unidos Podemos -más de Podemos que de Unidos-, Pablo Iglesias, le da cien mil vueltas a sus contrincantes. Fue el primero en comprender la trascendencia de la televisión y el que mejor se ha adaptado a las exigencias del medio: mensajes cortos y simples, que vayan directos a la fibra emocional de los espectadores, basados en el desmontaje de la complejidad de la realidad. En la democracia catódica se impone quien es más querido por las cámaras. Las ideas y los programas importan poco.

Por eso Iglesias dejará de hacer campaña en once de las diecisiete comunidades autónomas, pero no perderá ocasión de aparecer por las cadenas que lo inviten (que son todas, si buscan audiencia). A pueblos y ciudades menores, que vaya Garzón y no lleve muchas banderas rojas.

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