la ciudad y los días

Carlos Colón

Una canción también en el adiós

NOS lo había avisado Lolita Garrido en 1947: "La televisión pronto llegará, yo te cantaré y tú me verás. Vísteme bien mamá, que voy a transmitir, que no hace falta tener buena voz, hay que lucir el figurín" (pesimista y acertada premonición). También nos había llegado, por la radio, aquello de Tom Pilibi cantado por Jacqueline Boyer (sesuda letra: "Tom Pilibi tiene dos castillos, el primero en Escocia, el otro en Montenegro"). Pero nunca habíamos oído lo de "Yunited kindon tuelf poin. Ruayome uní duze puen". Porque los españoles estábamos huérfanos de televisión y ayunos de Eurovisión. Hasta 1961, cuando España concursó por primera vez mientras la televisión se iba extendiendo por todo el país -a Andalucía llegaría un año más tarde- y los españoles le cantaban al milagroso aparato, haciendo de coro de la pionera eurovisiva Conchita Bautista: "Estando contigo, contigo, contigo de pronto me siento feliz, y cuando te miro, te miro, te miro me olvido del mundo y de mí".

Había que olvidarse de muchas cosas, sí, cuando a las casas iban llegando las primeras mieles del desarrollismo -una nevera, un televisor, una lavadora- tan duramente adquiridas a golpe de horas extras, letras o diteros. El Te Deum de Marc Antoine Charpentier, sintonía de las conexiones eurovisivas, se hizo tan popular como las canciones que radiaba Raúl Matas en Discomanía. Eurovisión también hizo popular a Jean Jacques. Pero no Rousseau, sino el menino que cantó en la edición del 69 aquello tan inteligente de: "Mamá, Mamá, un bello sueño tuve ayer. Mamá, Mamá, un gran soldado yo me vi. Iba en formación con la mochila y el mosquetón".

Un año antes había ganado Massiel y los comentaristas españoles la compararon a Agustina de Aragón. Exaltación patriótica en la España de la minifalda y el La, la, la. A esas alturas Eurovisión ya era alguien más de la familia. Nos había dado las alegrías de ese Raphael belga que fue Udo Jurgens, la languidez de la Cinquetti o los pies descalzos de Sandie Shaw. Nos había enseñado que en las cosas del amor unas son "poupée de cire, poupée de son" que se dejan seducir por un sí o por un no y otras son marionetas bailando sin fin en la cuerda del amor. Y nos había dejado turulatos con los flecos de Salomé, los títulos de algunas canciones -Boom Bang-a-Bang, A-ba-ni-bi, Ding-a-Dong-, los modelitos de Abba o la fiebre de Rosa de España. Todo nos lo fue contando José Luis Uribarri, adivinando votaciones, divirtiéndose y divirtiéndonos no sólo con Eurovisión en su larga trayectoria televisiva iniciada en 1958. Por eso, esta que ahora se apaga, es una de las voces de nuestras vidas.

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