B. Dusseau (AFP) / Washington / Mitt Romney / Part. Republicano

Un candidato que no logra entusiasmar

Con fama de disciplinado, cortés y eficaz, su religión mormona despierta recelos en gran parte de la población

Luce muy formal y los estadounidenses creen que manejaría mejor la economía que Obama, pero Mitt Romney, el candidato republicano no acaba de despertar el entusiasmo entre el electorado.

Con 65 años, este ex ejecutivo multimillonario llega a la carrera presidencial con sólidos antecedentes empresariales y políticos, tras ser gobernador de Massachusetts entre 2003 y 2007, donde equilibró el presupuesto estatal.

Hijo de un legendario gobernador republicano, Mitt Romney empezó su carrera profesional alejado de la sombra de su padre y de la política, como consultor empresarial. Tras cofundar Bain Capital, un fondo de inversiones en 1984, acumuló fortuna y reputación hasta convertir a la firma en una de las más prestigiosas en EEUU, aunque los demócratas y Obama le achacan haber comprado y revendido empresas a costa del despido de miles de trabajadores.

En 1999 fue nombrado presidente del Comité Organizador de los Juegos de Invierno de Salt Lake para salvar sus cuentas.

Con la reputación hecha en el sector privado, Romney se dejó tentar por la política. Fracasó al intentar arrebatar el cargo de senador al demócrata Ted Kennedy, pero logró ser gobernador en un Estado tradicionalmente demócrata.

Tras su desempeño en Massachusetts apuntó a su objetivo más ansiado, la Casa Blanca, pero en 2008 no logró frente a John McCain su objetivo de lograr la nominación republicana.

Considerado un moderado pragmático, Romney es mormón, perteneciente a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, una secta protestante con una imagen controvertida en la sociedad estadounidense a causa de sus orígenes polígamos.

Casado desde hace 43 años, padre de cinco varones, Romney se esfuerza en ofrecer una imagen más afable ante el electorado frente al magnetismo, aunque también desgastado, de Obama.

Es disciplinado, cortés, eficaz. Lee exhaustivamente las notas de sus consejeros, prepara los debates hasta el último detalle, se pasea en mangas de camisa por todo el país.

Pero los arduos debates para llegar a la nominación republicana, a principios de año, ofrecieron una imagen demasiado crispada y "robotizada" que Romney no ha conseguido quitarse de encima.

Los estadounidenses afrontan con preocupación el futuro de su país y una mayoría cree que Romney lo haría mejor, pero la crisis económica de 2008 estalló en el sector financiero, y Romney surgió precisamente de ese mundo selecto y opaco que muchos detestan en estos momentos.

"No llega a emocionar a la gente", señala Larry Sabato, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Virginia.

La imagen real de Romney es más compleja, insisten en su entorno, empezando por su esposa Ann, que asegura que el ex gobernador es aficionado a las bromas.

Romney no bebe ni fuma. De su fortuna personal, estimada en unos 200-250 millones de dólares, dona sustanciales cantidades cada año a su iglesia, de la que fue "obispo" laico en Boston.

El ex gobernador habla correctamente francés, tras haber pasado 30 meses en Francia en su juventud como misionero, lo que ayudó a labrar su tenacidad.

Romney luchó duro para ganarse la confianza de la base del Partido Republicano, que viró a la derecha en los últimos años.

Su prudencia le permitió esquivar las propuestas más extremistas del partido en materia de aborto o inmigración, pero le impidió también dar a conocer su mensaje al resto de la sociedad.

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