tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Casi cañí

ESTE verano, harto de un año de descalabros, cada mañana me fui de excursión por las páginas de los grandes diarios del mundo. Un alivio a la hora del desayuno, lejos de los episodios nacionales, como si la crisis, de puertas a fuera, no fuese crisis o lo fuera menos. Ni despidos, ni el spread disparado, ni nada de lo que asfixia. Las agendas del Guardian, del New York Times o de Le Monde no rezumaban el sudor de nuestra tragedia a toda plana, recocida con la vuelta a la pertinaz sequía y al fuego que abrasa también por fuera.

Periódicos sin campanas tocando a rebato, sin mostrar las llagas del calvario, ni los destellos fatuos del oropel a la baja. Allí, fuera, donde la crisis no llega al río, el Curiosity tenía fuelle para recorrer Marte en busca de futuro y se mostraban los mejores goles de la primera división de la ciencia: el genoma humano más cerca de revelarnos las claves de la vida y la muerte. La novena potencia se diluía en el interior de las noticias, más cerca de Grecia que de Italia. La prensa romana, con algo de calorina sureña, mostraba un Monti de guardia permanente, tomando asiento en Europa, defendiendo la imagen-país hasta colocar la prima de riesgo cien puntos por debajo de la española.

Ni rastro de Eurovegas, la esperanza de Aguirre, en esa recurrente deriva de la España de misa y olla hacia la mancebía y el arte de trileros. Ni rastro en el Osservatore, ni en el eco de una homilía, pero sí en el periódico de Murdoch, el siete de agosto. Según el Wall Street Journal, el benefactor Sheldon Adelson, el mayor donante económico al candidato republicano Mitt Romney, estaba siendo investigado en Estados Unidos por blanqueo de dinero, sobornos en China y otras filigranas al uso.

La máquina del tiempo parecía trasladarnos al déjà vu de Federico Martín Bahamontes y Loroño, al tedio de las tardes sin pan. La raza, renacida en las serpientes de verano. Fantásticas las crónicas románticas del nuevo Robin Hood de la cuenca del Genil, con fotogenia de Sierra Maestra, dando ideas a la gente del Bronx -Don Quixote of the spanish crisis, para el New York Times-, y la más celebrada heroína Cecilia Giménez, que liberó al Ecce Homo de Borja de la corona de espinas. ¡Todo un símbolo! España ha vuelto a brillar en el rincón del different o del igual, teñida de rojo en plazas y encierros por los bravos que regresan a la televisión de siempre.

Va a ser mejor que vengan ya a rescatarnos, incluso de la economía. Sería lamentable que lo más preciado que nos queda, ¡el pobre Ronaldo!, se contagiase de nuestra infundada tristeza y nos escupiera en la cara. Por ahí, sí que no...

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