Análisis

Fede Durán

Todos los caramelos de Z están envenenados

HA ganado Z, pero en verdad ahora llega el auténtico Tourmalet. Como lo nuestro es el azul (PP) o el rojo (PSOE) sin matices ni fisuras, el sistema para el reparto del botín castiga después la falta de imaginación con una gradación de colores que va del PNV a ERC pasando por CiU. Hay que sentarse a negociar con unos pocos los asuntos de todos. La vieja canción. Sería espectacular que en esta segunda entrega Zapatero emerja como el primer presidente español que logra gobernar sin dar la sensación de que su mandato es sólo una concatenación de cesiones para sobrevivir.

No está exclusivamente en su mano. Es obligatorio que también colabore el PP. Y apostar por ello es como inventar un género literario más ficticio que el de Bradbury o Asimov. Al menos mientras el futuro del partido no se aclare del todo -junio será un buen momento para replantear qué quieren los populares-.

De momento, pues, le toca bailar a Z. Ninguno de los caramelos que se le ofrecen carece de unos gramos de veneno. El PNV tragará si desde Madrid aceptan que su plan es una opción legítima. Nada hace pensar que el PSOE vaya a perder el juicio. IU y ERC, las muletas del Gobierno en sus primeros pasos (2004), se han resquebrajado. Salvo que se sume a la fiesta el BNG, otro grupo incómodo que sí daría al trío cierto estatus decisivo. Peores combinaciones han prosperado, ¿no? Vale, no cuela, así que sólo queda CiU. Cada minuto que pasa comprenden en Ferraz el cariz real de las negociaciones. Es paradójico que 169 escaños partan con desventaja en su pulso con los once de Duran. Pero, como dice Mas, así es la vida, o más bien la ley electoral, que ni Zapatero ni Rajoy se atreverán a tocar por miedo a desprestigiar el carcomido arte político con nuevas reglas que refuercen a unos cuantos pequeños. Curiosamente, los que sí podrían sacarles del atolladero nacionalista.

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