La tribuna económica

Gumersindo / Ruiz

La carta del senador

HACE un año nos hicimos eco tímidamente en esta tribuna de un fenómeno conocido como alta velocidad en Bolsa, que consiste en la colocación mediante sistemas informáticos de miles de operaciones en fracciones de segundos, porque pensábamos que podía alterar el funcionamiento normal de los mercados. La liquidez que proporciona esta operatoria, decíamos, es sólo aparente si son órdenes que se cruzan y cancelan, y no tienen una base real de oferta y demanda diversificada; o lo que es peor, se utilizan para tantear el mercado.

El 6 de mayo de este año hubo un momento en que los sistemas fueron incapaces de dar precios y se produjo una situación de iliquidez; duró sólo unos minutos, pero fue la prueba de que algo anormal estaba ocurriendo en la Bolsa. Hace unos días el senador de EEUU, Edgard Kaufman, mandó una carta a Mary Schapiro, la presidenta de la SEC (Comisión del Mercado de Valores), expresándole su preocupación por el funcionamiento de los mercados bursátiles, donde casi el 70% de las operaciones se hacen ya por procedimientos de alta velocidad.

Durante años los supervisores se han obsesionado por quitar el monopolio a las bolsas e introducir competencia mediante un buen número de operadores independientes. El resultado ha podido ser una aparente reducción del coste de ejecutar operaciones, pero ha dado lugar a falta de transparencia, precisamente por la imposibilidad de seguir a tantos operadores y los modelos que utilizan. Es una clara muestra de que la competencia, llevada a las últimas consecuencias, se comporta a veces en sentido contrario al que se pretende. La realidad es que supervisores y reguladores desconocen hoy aspectos importantes de funcionamiento del mercado, su verdadera liquidez, y la capacidad de los modelos para manipular los precios.

El senador Kaufman acompaña su carta con propuestas y posibles soluciones sobre cómo regular la alta velocidad y a sus operadores; penalizar los volúmenes de negociación que esconden operaciones cruzadas; estandarizar la diseminación de datos en el mercado, evitando lo que se conoce como "ahogarse en datos"; no facilitar tanto la creación de centros de negociación; dar más importancia a la profundidad de los mercados que a las comisiones que se cobran; y examinar el volumen de operaciones que se ejecutan de forma privada.

Todo esto tiene una lectura para el inversor, particular o institucional, y es que a largo plazo los valores que respondan a unos fundamentos sólidos y puedan dar dividendos adecuados, van a prevalecer sobre cualquier movimiento especulativo. Pero es preocupante que las operaciones de alta frecuencia exacerben la volatilidad y creen situaciones ilíquidas más graves de las que hemos conocido hasta ahora. En este caso el inversor se verá obligado a mantenerse a plazos muy largos, aunque no lo desee. La carta del senador nos avisa de lo poco que ha mejorado el sistema tras la crisis; y recuerda que el fin último de los mercados no es la negociación en sí misma y el beneficio de la especulación, sino atraer inversores a largo plazo para que las empresas puedan captar capital, crear empleo y crecer.

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