La ventana

Luis Carlos Peris

El caso Ricardi hace que el sistema se tambalee

PROTOTIPO de desheredado, al portuense Rafael Ricardi le han estafado gran parte de su vida mediante la broma macabra de pagar durante años por una culpa que no fue suya. A ver cómo se repara el desaguisado, que las aguas del tiempo nunca pasan bajo el mismo puente y resulta imposible devolverle lo que le han hurtado. Y, en el corazón de esa broma tan macabra, el hecho de que hiciese casi dos lustros de la existencia de pruebas más que palpables de que el hombre no era culpable del delito que le tenía en la cárcel. Es más, ahora, con todo claro como el agua clara, no abandona la cárcel de forma definitiva sino con la condicional. Misterios que la razón no comprende y que deja en entredicho una vez más la maquinaria judicial, tan lenta y, lo peor de todo, tan poco fiable. Trece años en la cárcel por un delito que no cometió y desde hace ocho a sabiendas de que no había sido. Como para creer en el sistema.

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