Hoja de ruta

Ignacio Martínez

No fue una catástrofe natural

NO se equivoquen. Lo del Madrid Arena no es una catástrofe natural. Estas muertes no son como las del huracán Sandy, como las del terremoto de Lorca, como las ocurridas en las inundaciones y grandes incendios de los últimos meses en Andalucía. Estas muertes eran perfectamente evitables. Por eso fue chocante en las primeras horas que el vicealcalde madrileño se apresurase a decir que se cumplían todos los requisitos y que no se había superado el aforo. Una declaración defensiva por partida doble: se protege la eventual responsabilidad municipal y al empresario organizador, que es un conocido del número dos de Ana Botella. Ayer, la alcaldesa ha anunciado que se personará como acusación particular.

Esta tragedia hay que investigarla a fondo. Varios jóvenes participantes, habituales de estos festejos, están convencidos de que allí había muchas más de 10.000 personas. El juez decano de Madrid cree que se superó con creces el aforo permitido y ha responsabilizado a la Policía Municipal. Testigos directos cuentan que en la entrada había mucha cola, y se empujaba a los jóvenes hacia adentro sin pedirles el carné ni registrar sus mochilas. Así entró material pirotécnico y se coló mucho menor de edad: una está en estado crítico en un hospital.

Se levantan voces pidiendo un cambio legal. Este no suele ser el principal problema en estos casos. Somos un país excelente haciendo leyes. Pero muy deficiente en la tarea de hacerlas cumplir. Hay serias dudas sobre el sistema de evacuación; muchos testigos señalan que había puertas selladas.

Parece lógico que se decidiera no interrumpir la fiesta, para no causar más alarma y una estampida fatal. Hubo muchos participantes que ni se enteraron de la avalancha y el aplastamiento de personas. Esta misma medida se tomó en Bruselas cuando la tragedia del estadio de Heysel, en la final de la Copa de Europa (la actual Champions) de 1985 entre el Liverpool y la Juventus. Antes del partido, los hooligans ingleses atacaron a los aficionados italianos, cundió el pánico y hubo una avalancha con un resultado espeluznante: 39 muertos y 600 heridos. El partido se jugó para intentar evitar una batalla campal. Posteriormente, los equipos ingleses fueron excluidos de las competiciones futbolísticas europeas durante cinco años. Las normas de seguridad en los campos de fútbol fueron mejoradas sensiblemente. Y el estadio de Heysel, una obsoleta construcción de 1930, fue remodelado de cabo a rabo.

El Madrid Arena es, por el contrario, un edificio muy moderno y funcional. Habrá que revisar qué pasó la trágica noche de Halloween. Cuántas normas se incumplieron para que murieran tres jóvenes y otras dos estén en estado crítico. No. Probablemente no nos faltan leyes, sino rigor para cumplirlas.

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