Crónica personal

Pilar / cernuda /

El centro

NO deja de tener su aquel que Tony Blair, que fue primer ministro del Reino Unido durante diez años y llevó al partido laborista británico a una de las etapas más potentes de su historia, mantenga ahora una posición que podría ser perfectamente asumida por Rajoy. Sin duda, por Felipe González, Rubalcaba o Solana, algunos de los que han formado parte del PSOE más influyente, y desde luego a años luz de lo que defiende Pedro Sánchez. No se trata sólo de un problema generacional, sino de sentido común.

Blair ha querido hacer pública su opinión ante la profunda crisis que sufre el partido laborista, tras un nuevo fracaso en las elecciones de hace dos meses, en las que todo el mundo daba a Cameron perdedor y sin embargo fue Miliband el que quedó fuera de juego. Los laboristas eligen nuevo líder dentro de unas semanas y el que tiene más papeletas es Jeremy Corbyn, conocido por sus posiciones extremistas, amigo de las manifestaciones antisistema y de abanderar causas que siempre han sido señas de identidad de la izquierda radical. No es un joven treintañero, sino que ha cumplido ya los sesenta años.

Blair ha dado un toque a sus compañeros de partido: nunca volverán a ganar elecciones si pierden el electorado de centro. Y más aún: la izquierda inteligente es la que va de la mano de los sindicalistas, que representan a los trabajadores, pero sin menospreciar a los empresarios porque son los que crean trabajo.

Las reflexiones de Blair, idénticas a las de un buen número de socialistas españoles que hoy no tocan balón en el PSOE precisamente porque no se sienten cómodos en el extremismo, sino en el centro izquierda, debería tenerlas en cuenta Pedro Sánchez, que en estos meses previos a unas elecciones generales cumple con su obligación de patearse España de arriba abajo y de Este a Oeste, pero muestra un triunfalismo que no se corresponde con la realidad. El resultado del 24 de mayo ha sido desastroso para el PSOE, no sólo para el PP, pero lo ocurrido después tampoco augura nada bueno. Porque aunque provoque que parte de los votantes de Podemos no acepten el giro -estratégico- de Pablo Iglesias, el PSOE se está dejando muchos pelos en la gatera al apoyar a alcaldes que están haciendo alarde de falta de respeto a las instituciones y la legalidad, mantienen unas formas de dudoso gusto y no toman las grandes decisiones que merecen las grandes ciudades, sino que se quedan en la demagogia.

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