coge el dinero y corre

Fede / Durán

El cerebro y la tijera

LA virtud de la austeridad suena más que el pecado del desempleo sencillamente porque, para el político, lograr aquella meta es mucho más fácil que combatir esta lacra. Las administraciones públicas han crecido a rebufo de una cultura de la abundancia sustentada no en el fondo de un progreso con cimientos sino en los gases de una burbuja. Incluso sin grandes dotes estratégicas, un dirigente equis sería capaz de adaptarse al guión de los tiempos que marca Alemania destruyendo triplicidades, prescindiendo de buena parte del personal laboral al servicio del aparato, exterminando organismos autónomos y fundaciones, o mermando la flota de vehículos oficiales, asesores, guardaespaldas y hagiógrafos/pelotas tipo Goebbels.

Lo del paro es distinto. Científicamente probada la desconexión entre reformas y empleo, desmitificada la teoría de la varita mágica, sólo queda la percha del discurso sesudo, el estudio minucioso, la audacia y las buenas ideas. Un panorama imponente para el político español medio. Y, sin embargo, una oportunidad perdida por falta de talento o ganas.

El próximo 25 de marzo se celebran las elecciones andaluzas. La suspensión de las primas a las renovables debería estar en el ojo del debate porque éste es un sector donde la comunidad, por una vez, se había posicionado bien. Turismo y agricultura, los puntales clásicos, también tendrían que constar más a menudo: está el modelo aparentemente agotado de sol más playa, está el problema de la competencia marroquí, está la inteligente alternativa del producto ecológico, donde la región es una potencia. Tampoco se toca lo suficiente el rescate de la construcción, o al menos la reinterpretación de un área económica que, con un enfoque más hábil -rehabilitaciones, eficiencia energética- podría fabricar puestos de trabajo.

En un inocuo ángulo marginal de la discusión se mantiene (se respeta) a la banca, actriz esencial para la recuperación. Francisco Verdú, consejero delegado de Bankia, recordaba esta semana cómo las agencias de calificación amenazaban con rebajas de rating a las entidades que, en pleno ciclo expansivo, no aumentaban sus préstamos bastante por encima del 20% anual. Así llegó la fiesta del crédito dudoso. Y así se fraguó la excesiva cautela actual, un no me fío obsesivo que bloquea los proyectos de la clase media-baja emprendedora. La Junta, por citar el ejemplo más próximo, será en sí misma una cáscara de nuez en el océano. Con subvenciones y ayudas iniciáticas a la baja (la crisis manda) no se sostiene ni se reconstruye el tejido empresarial necesario para generar riqueza y crear empleo. No por conocida dejó de ser curiosa la segunda afirmación de Verdú: "Nosotros vivimos de prestar". Entonces, si ya no prestan, ¿de qué viven ahora? Y, ya de paso, ¿qué papel ha jugado y juega en toda esta parálisis el Estado?

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