desde mi córner

Luis Carlos Peris

Del chovinismo y otras vilezas

En la sanción a Alberto Contador, a cierta prensa gala sólo le ha faltado gritar bingo con regocijo y zafiedad

NUNCA creí en aquellas campañas judeomasónicas que se centraban, mayormente, en atacar a todo lo español. Y por ese mismo motivo no tengo por qué creer que la durísima sentencia contra Alberto Contador proceda de la inquina general contra lo nuestro y en particular por parte francesa. No hay que llevar la batalla de Bailén hasta estas consecuencias y si a Contador lo ha sancionado el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) es porque en su cuerpo existiría el maldito clembuterol y averigüe usted su procedencia, si de la carne de cierta carnicería irundarra, si de algún energético o de cualquiera sabe qué.

Lo cierto es que todo deportista está obligado a saber qué le echa al cuerpo y clembuterol parece que había en el del extraordinario ciclista madrileño. Otra cosa es que con la imperceptible cantidad de dicha sustancia que albergaba Contador en sus venas se pueda ganar lo que es capaz de ganar él en cualquier carretera del mundo. Pero otra cuestión es el regocijo que ha levantado esta sanción en la prensa mundial en general y muy particularmente en la francesa. Les ha faltado sólo cantar bingo y así da la impresión de que les fastidia tanta supremacía española en muchas disciplinas deportivas, de ahí que su Canal Plus lo haya extrapolado al tenis.

Ahora sí que se le ha visto el plumero a la prensa gala y ya no cabe la menor duda de que cada Roland Garros que Nadal se traía a España era como un rejón de castigo para el chovinismo y la cosa. Qué zafio, grotesco y sin sentido lo de esos guiñoles que ridiculizan al que puede ser considerado mejor deportista español de la historia. Por lo pronto, Escañuela ha reaccionado con rapidez y sólo falta que el Comité Olímpico Español y el Consejo Superior de Deportes hagan causa común con la federación tenística para intentar que a ese nefasto canal galo se le caiga el pelo por difamar a un deportista que pone París a sus pies un año sí y otro también.

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