La ventana

Luis Carlos Peris

El ciclista adquiere trato de especie protegida

ASÍ como la gran Concha Velasco le cantaba a su madre que quería ser artista, todos queremos de mayores ser ciclistas. No ciclistas de esos que se ponen hasta las cejas de sustancias prohibidas con las que paliar los esfuerzos de la ruta, sino ciclistas de ocasión para la cosa de desplazarse de un lugar a otro de la ciudad. El ciclista hogaño, como el lince, ha pasado a ser especie protegida tras la decisión de Tráfico, ese órgano dirigido por un catalán que tiene de directora general a una señora que felicita las Navidades mediante rimas de pésimo gusto. Han decidido estos mandarines que el ciclista campe a sus anchas por todas las vías habidas y por haber, ora por el centro de ella o por donde le venga en ganas y por zonas peatonales. Eso sí teniendo cuidado de no cargarse a peatón alguno. Por lo tanto, ahora queremos convertirnos en ciclistas, lástima que no todos estemos ya en condiciones de lograrlo.

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