PASA LA VIDA

Las cifras y las culpas que escuecen

NI la estacionalidad laboral del verano, con contratos temporales a mayor gloria de la temporada turística, ni la intensificación de obras con cargo al Plan E hacen sombra a la verdadera inercia económica de nuestra sociedad. Las cuentas del optimismo no salen en cuanto uno suma en Sevilla el adelgazamiento de nóminas o el cerrojazo en todo tipo de sectores: bancos, cajas, cadenas de ropa, teleservicios...

Cuando es Cortefiel la que cierra comercios, cargándose las tiendas Milano, o cuando es Caramelo la que se va al garete por acumular unas pérdidas gigantescas aunque sea una firma presidida por un empresario mediático como Manuel Jove, lógicamente a nadie se le ocurre echarle la culpa a la peatonalización de unas calles de una ciudad llamada Sevilla. Nunca ha estado proporcionalmente la ropa más barata en junio. A este ritmo, cuando llegue agosto, ¿pagarán para que compremos?

Cuando el BBVA ofrece a empleados jóvenes que su Adelante se transforme en un finiquito a medida y cuando Cajasol ya no puede disimular por más tiempo tanta inflación de directivos, reduciendo el staff en un 30%, a ver quién se traga la milonga de que se avecinan tiempos mejores para el empleo.

Cuando las agencias de calificación le rebajan de una tacada el índice de credibilidad financiera a 25 entidades españolas por deterioro de sus activos, hasta Marcelino Camacho suscribiría lo que acaba de confesar Manuel Pizarro, diputado del PP y ex presidente de Endesa: "Sufrimos una crisis moral porque el banquero le ha perdido el respeto a su oficio. Convertido en un revendedor de títulos y de créditos, no ha sido calificador de créditos ni analista de riesgos y no mira a la persona que le entra en la oficina. Se ha dedicado a operaciones especulativas, a operar con derivados y ha producido la quiebra del sistema financiero". Pizarro sabe de lo que habla. También fue presidente de Ibercaja.

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