Pasa la vida

Juan Luis Pavón

El círculo de poder de la provincia se estrecha sobre la Plaza Nueva

EN política los votos son el paradigma ante el que todo dirigente se resitúa después de haber estando jugando a las batallitas internas. Y en los congresos provinciales del PSOE sevillano, los pueblos en su conjunto tienen más peso que la capital. No sólo por la lógica aplastante de la aritmética demográfica, sino porque es su mejor bastión en toda España. Es un hecho tan abrumador que lo condiciona todo y diluye el peso específico que pueda esgrimir el alcalde de la capital. La provincia es el partido, y en la capital los barrios de la SE-30 son fieles al partido a pesar del candidato. Si así son las cosas en el momento culminante de la participación democrática, tienen su correlato en clave interna cuando se trata de elegir la cadena de mando en el partido. Y está llamado al fracaso el intento de moverle la silla al que manda en el partido, si para ello el único punto de apoyo fuerte es disponer de mando en la Plaza Nueva.

Durante años se ha librado un pulso entre Viera y Monteseirín. Éste pidió renovación, y puede acabar la cosa siendo él objeto de renovación. Al alcalde de Sevilla lo dejan fuera de la Ejecutiva regional y de la provincial, envía a Demetrio Pérez a que se estrelle en el vacío ante Viera y en su gobierno municipal late un cisma que ha estado a punto de desembocar en una remodelación del reparto de concejalías para orillar a Carrillo, convertido de facto por el partido en as en la manga por si deciden enviar a Monteseirín a algún cargo de exilio dorado o a un escaño del Parlamento Europeo.

Monteseirín no mandó sus naves a luchar contra los elementos. Pero es que no midió bien sus fuerzas. Viera hace lo que Chaves bendice. Y sus batallones de la Gran Sevilla se dirigen hacia la Plaza Nueva, el único bastión que le queda al alcalde.

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