La ventana

Luis Carlos Peris

Y la ciudad volvió a verse surcada de cortejos

TODA la ciudad se surcaba otra vez de procesiones en una mañanita de domingo en que los termómetros habían establecido una tregua tras lo del día anterior, que vaya tela marinera la de ese sábado, día de San Antonio, que nos cupo en desgracia. Cortejos tras la Custodia que, por ejemplo, sacaban de Triana ese sabor a pueblo que el arrabal y guarda luce en sus días grandes o que por Bailén y el Museo revolotease el aroma a Quinta Angustia que emana la Sacramental de la Magdalena. Sonaba solemne la muy torera Banda de Tejera tras el paso del Dulce Nombre de Jesús y atronaban los espacios trianeros las cornetas y los tambores de las Tres Caídas. Y el olor a juncia y romero por Monsalves se repetía por una calle Pureza alfombrada de olor y de color. Era en un domingo soportablemente caluroso y en el que la ciudad, no sólo el centro y Triana, estaba surcada de cortejos con un indiscutible sabor, el de Sevilla.

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