Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Está claro, era la jornada nº 13

El supersticioso justificará que el Sevilla fuese de 'sparring' y que el Betis cayera una vez más en Valencia

PUÑETERA jornada, no en vano llevaba el 13 grabado y ya se sabe de la guasa que se trae susodicho numerito. Tras el repaso que el Barça le daba al Sevilla, en la tarde del domingo parecía un más de lo mismo en Mestalla. Después de haberse comprobado de primera mano que del Barça a los demás hay un trecho considerable, o dos, en la atardecida del domingo junto al Turia aparecía un Betis que no tenía nada que ver con el de estos últimos partidos para recomponer luego la figura y, posteriormente, caerse en lo más llano ante un rival exhausto y con un hombre menos. Como para no clamar contra los influjos del 13.

La Liga presente se halla bajo el síndrome de un alfa y varios omegas. El alfa es el Fútbol Club Barcelona, que el sábado iniciaba su particular Tourmalet dejando bien claro que actualmente no tiene enemigo que le tosa. Puede caer en desaplicaciones como las de Soria o en casa con Racing y Getafe, pero lleva un paso de oca absolutamente imparable y adornado, además, por un fútbol excelso, de alta escuela y como demandando esmoquin y corbata de pajarita para su contemplación. Impresionante este Barça que tiene a Xavi como excepcional dueño de la batuta, a Messi de inigualable concertino y al camerunés Eto'o como gran artífice de la suerte suprema, el gol.

Un día después, el Betis comparecía en Valencia, la tierra de las flores, del amor, de la luz y... Huerto del Francés que no sale vivo de allí ni por casualidad. 22 años sin ganar en Mestalla y aunque Chaparro lo achaca a que siempre fue superior el Valencia, no creo que por ahí vengan las causas, que yo he visto más de una vez a un gran Betis caer allí ante un Valencia mediocre. Pudo ser peor la noche para el Betis y también mucho mejor, sobre todo cuando tras haber hecho lo más complicado, restablecer las tablas en el marcador, se tiró al callejón por el camino habitual, el de la falta de intensidad defensiva. Era la 13 una jornada de la que poco podía esperarse.

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