No claudicar ante el terror yihadista

EL autoproclamado Estado Islámico (EI) y el yihadismo en general están consiguiendo el primer objetivo de todo grupo terrorista, que cualquier ciudadanos se sienta posible objetivo de sus acciones criminales. Da igual que una persona se encuentre en un aeropuerto, una discoteca, un velador o un vagón de metro de Madrid, Orlando, Bagdad, Londres, Damasco, París, Lashkar-e-Taiba o Bruselas, en cualquier momento puede caer fulminado por las balas y las bombas de aquellos que ni siquiera tienen unos objetivos muy precisos más allá de un ciego fanatismo religioso que, evidentemente, es imposible que prospere. En este sentido, tuvo razón el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, cuando dijo que "este atentado podría haber pasado en cualquier ciudad", refiriéndose a la horrible matanza perpetrada el martes por terroristas -pertenecientes muy probablemente al EI- en el aeropuerto Atatürk de Estambul. Las cifras dejan clara la dimensión de la masacre: 41 muertos y 239 heridos.

Ahora bien. Si el yihadismo ha logrado ya este primer objetivo, en las manos de los gobiernos y de todos los ciudadanos está el que no consigan el segundo: que ante el terror nos paralicemos y claudiquemos. Tristemente, hace poco, tras el atentado de Bruselas -que tantas similitudes guarda con el de Estambul- escribíamos en estas mismas páginas que, muy probablemente, viviríamos nuevas masacres. La previsión se ha cumplido y se volverá a cumplir en un futuro próximo. Pero esto no debe ser excusa para dejarnos llevar por el pánico. Por desgracia, en España sabemos que los movimientos terroristas, cuando tienen cierto arraigo y apoyos financieros, son muy difíciles de erradicar. Pero también sabemos que la firmeza política y ciudadana, unida a una eficaz actuación de unas fuerzas de seguridad que deben estar bien dotadas, conducen a la victoria final. En el caso del EI, debido a su naturaleza global, habría que añadir además una sabia labor diplomática que consiga aunar los esfuerzos de Occidente con los de los países árabes, que, al fin y al cabo, son los que más sufren la lacra del yihadismo. En este sentido, es de vital importancia que se solucione de una vez por todas los conflictos de Siria, Iraq y Afganistán, que son las piezas que está desestabilizando todo el mundo árabe y dando excusas a los terroristas para actuar. Una vez más, habrá que recordar que España no es ajena a esta lucha, como desgraciadamente comprobamos el 11-M de 2004, y que nuestro compromiso en este combate es ineludible.

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