Hablemos de educación

Javier Ros Pardo / Javierrospardo@hotmail.com

¿El club de las ideas para qué?

DESDE 1996, el programa de Canal Sur El Club de las Ideas funciona como un espacio educativo creado para mostrar de la forma más veraz las experiencias innovadoras creadas en las aulas. Según sus artífices pretende:

"Divulgar la cultura psicopedagógica en la sociedad. Promover y dar a conocer planteamientos y experiencias didácticas innovadoras. Contribuir a la mejora de la enseñanza. Valorar socialmente al profesional de la enseñanza. Colaborar con los padres en la formación de sus hijos. Fomentar la renovación pedagógica".

En 12 años participaron en él 227 colegios e institutos públicos y privados, centros de Formación Profesional y de Educación de Adultos, colegios públicos rurales, etcétera de todos los confines de Andalucía. Posee un excelente equipo de profesionales que ya atesoran un conocimiento de la realidad educativa andaluza que para sí quisieran más de cuatro responsables educativos. Demuestra que hasta en el pueblo más olvidado hay profesores que lideran experiencias que pueden servir de referentes para niños, padres, educadores y profesorado, teniendo un gran efecto multiplicador. Sobre sus contenidos sólo tenemos motivos para desvivirnos en elogios

Pero hay un problemilla: el programa se emite de lunes a viernes a las nueve y media de la mañana. ¿Qué incidencia puede tener cuando no lo ven ni los niños que participan en él? Por otro lado, se han emitido 40 programas los sábados por la mañana por Canal Sur 2, en una hora en la que los niños tienen todo el derecho a seguir durmiendo a pierna suelta. Esporádicamente pudimos ver algunos que se emiten a partir de la una de la madrugada, una hora completamente marginal como la que sufría Redes, de Eduard Punset, uno de los mejores programas de divulgación científica de la televisión europea, que se emitía por La 2. He aquí dos buenísimos indicadores que nos explican el lugar que ocupan la Educación y la Ciencia en nuestras televisiones.

Lo que hay es maquillaje estadístico para justificar, ante quien haga falta, que se cumple el preceptivo porcentaje de mínimos de programas educativos. Al final lo importante sólo es la apariencia. ¿De qué nos suena eso?

La televisión y la cuestión educativa, en vez de complementarse, andan cada vez más disociadas dentro y fuera de las aulas. Recordemos que cada niño construye su visión del mundo a partir de los materiales que le aporta su colegio en un 15%, y de lo que recibe de su contexto audiovisual en un 80%. Si a lo anterior añadimos que uno de cada tres niños españoles usa un televisor en su alcoba sin control de nadie, que nadie se asuste de lo que hay.

En España triunfa el paradigma corralero italiano. Lo que pasa sería inconcebible en los países escandinavos, donde existe un férreo control sobre lo que ven los más pequeños.

El colmo fue un reciente programa infantil de máxima audiencia de Canal Sur protagonizado por niños donde la invitada de honor era una reputada protagonista de la prensa rosa, dispuesta a ventilar sus intimidades respondiendo a las graciosas preguntas de los más pequeñines.

Por priorizar lo rentable ellos conocen al dedillo los peores alcahueteos televisivos y las series más canallas, mientras no pueden ver los programas que ellos mismos hicieron. Es el modelo que les ofrece su "tribu educadora". ¿Me explico, señores del Consejo Audiovisual de Andalucía? Tengan la amabilidad de hacer algo.

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