la ciudad y los días

Carlos Colón

La cobardía del verdugo

EL abogado del ex general serbobosnio Mladic, acusado de haber cometido los más atroces crímenes de guerra desde 1945, dice que su defendido sufre un cáncer y que podría no sobrevivir a un proceso ante el tribunal de La Haya. Suerte que tiene. Los 8.000 hombres (aunque también había entre ellos mujeres, ancianos y niños) que él y sus tropas asesinaron en la masacre de Srebrenica no podrán contraer el cáncer ni ninguna otra enfermedad, no podrán sufrir los achaques de la vejez ni morir su propia muerte tras haber vivido su propia vida. A esos 8.000 bosnio-musulmanes eliminados en una operación de limpieza étnica a escala nazi no les aflige la enfermedad, ni les esperanza su curación, ni les serena la vejez o les deprimen sus limitaciones. Mladic y los suyos les ahorraron todas estas molestias, dolores y zozobras. Los asesinaron en masa. Y punto. Ahora su verdugo pretende burlar la Justicia, suscitar compasión y aprovecharse, escudándose en la enfermedad, de las leyes humanitarias que pisoteó. Hay que repetirle: suerte que tienes de padecer cáncer, porque los 8.000 asesinados por tus tropas no lo contraerán.

Lo peor que pueda sufrirse no es el cáncer o cualquier otra enfermedad. Eso forma parte del ciclo vital que acaba como todos sabemos que acaba. Lo peor del mundo es ver cómo apuntan contra ti y contra tu hijo al borde de una fosa repleta de cadáveres, saber con toda certeza que os van a matar, ver las excavadoras que han abierto o abrirán las fosas y en ellas los cuerpos de los ya asesinados, oír los gritos de quienes aguardan la próxima tanda y el ruido de las armas preparándose para disparar... Esto que sintieron, vieron y oyeron 8.000 personas de todas las edades es lo peor que puede pasarle a alguien, no enfermar.

Los tiranos y los asesinos suelen ser cobardes. Cuando los cogen se escudan tras las enfermedades o la avanzada edad. Ellos, que trasgredieron de la forma más brutal todas las leyes, las invocan para intentar escabullirse de la justicia, retrasarla, crear un barullo médico y legal que haga correr el tiempo a su favor. Hasta por muerto han intentado hacer pasar los suyos a Mladic, mientras seguía escondido. Cuando lo capturaron el 26 de mayo, el muerto resucitó. Eso sí, víctima de unos supuestos infartos cerebrales que debían impedir su traslado ante el tribunal. Perdida esta batalla se ha apuntado ahora al cáncer. Supongo que si falla recurrirá a la demencia. Lo mismo da. Esté en las condiciones que esté, mientras sea capaz de permanecer sentado ante un tribunal, debe ser juzgado por genocidio, persecuciones, asesinatos, deportaciones, actos inhumanos y secuestros.

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