Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Del codazo de Tassotti a los ruegos de Íker

CADA vez que navegamos por las vísperas de un choque con Italia sale a relucir aquel codazo de Mauro Tassotti a Luis Enrique en el estadio Foxboro de Massachussets. Desde aquel 9 de julio de 1994, el suceso se hace mantra al que agarrarse cada vez que nos toca jugar con la squadra azzurra. Veintidós años después, el hecho se airea con cierta razón, pues aquella selección de Clemente iba como un tiro y fue masacrada en esa tarde.

Mañana, nuevamente nos toca lidiar con los transalpinos, con esa Italia que tanto protagonismo tiene en la historia de nuestra selección. Desde el robo del 34, con los árbitros acojonados por el Fascio mussoliniano hasta la caballerosa petición de Casillas al árbitro para que diese fin a la sangría de Kiev hace cuatro años, los choques con Italia han gozado de un aura muy especial. Han sido colisiones rodeadas de un encanto indiscutible y de una literatura inusual.

La cita de mañana aparece con un plus para el encanto. Es el escenario, pues si París bien vale una misa, que escenifique un partido así engrandece el acontecimiento. Para abundamiento de lo anecdótico, el hecho de que España juegue con esa indumentaria que tan mal se le da. Como aquella tarde del codazo de Tassotti a Luis Enrique y como en la del malhadado martes con Croacia, España jugará con la blanca que, además, ahora aparece pintarrajeada.

Pero ni el agua que pasó es capaz de mover molino alguno, ni el hábito hace al monje. Se trata de un choque vital que España debe afrontar con el convencimiento de ser mejor que Italia. Porque, señoras y señores, nuestro equipo es mejor que el italiano. Mejor sin ambages, sin duda alguna y en el convencimiento de que el partido ese que suele perderse se ha perdido ya, así, de esa manera, hay que afrontar el choque con esa Italia que tanto aparece en nuestras vidas.

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