Cuchillo sin filo

Francisco Correal

El código de los mentirosos

ES la paradoja de los futbolistas, que se exhiben en calzonas y reivindican su privacidad cuando van completamente vestidos. Igual me pasaba a mí con este buen hombre. Nos veíamos desnudos en el vestuario de la piscina, nos cruzábamos en las series que nos administra Raquel, la monitora. La primera vez que nos vimos de paisano, en la calle, y nos reconocimos, aprendices de Johnny Weismuller, nos saludamos cortésmente y nos presentamos. De la anónima intimidad pasábamos a ese sosiego que produce ponerle nombre a las cosas y a las personas.

El nadador de los martes y los jueves se llama José Antonio y es profesor de Derecho Penal. Por lo que me dijo, no es hombre de nadar y guardar la ropa. Estaban muy recientes las manifestaciones del ministro de Justicia, Francisco Caamaño, defendiendo el derecho a mentir de los implicados en el crimen y desaparición de Marta del Castillo. El ministro no había mentido, pero tampoco había dicho la verdad. "Un inculpado", me explicó el nadador, "tiene derecho a no confesarse culpable y a no declarar contra sí mismo". Que no es lo mismo. La mentira y la verdad, escribió Bergamín, son dos malas consejeras, una te dice que mates, otra te dice que mueras.

Eso no lo puede decir un ministro de Justicia. Es como si el ministro de Educación dijera que los novillos son pedagógicos porque permiten el contacto del alumno con la naturaleza. Ha sido coherente con quien lo nombró. Zapatero, queriendo enmendarle la plana a los autores de la Patrística, descubrió la pólvora cuando aseguró que la verdad no nos hacía libres, sino que era la libertad la que nos hacía verdaderos. Como si la verdad no fuera la sustancia, sino un simple atributo. La indigencia ideológica de una izquierda que ha entrado en una deriva de peluquería más dialéctica.

El Derecho con mayúsculas es la colisión de una serie de derechos que no por escribirse en minúsculas son secundarios. El derecho a mentir de quienes eliminaron a Marta del Castillo no puede prevalecer sobre el derecho de sus padres, de sus hermanas, de sus compañeros del colegio San Juan Bosco, de los cientos de policías y submarinistas que han pasado días y días sin aliento ni descanso buscando el cadáver de Marta, primero en el río Guadalquivir, después en el vertedero de Alcalá. Escenarios consecutivos del derecho a mentir que tan alegremente ha aireado el ministro de Justicia. El titular del departamento llegó por un desliz cinegético de su predecesor. Caamaño se ha encontrado con otro tipo de cacería en la que las alimañas se contradicen sobre el paradero de su presa. Mentir no será delito, pero es pecado. Por eso ni por lo más sagrado se atreverían a jurar su cargo delante de una Biblia.

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