Crónica personal

Pilar Cernuda

En la cola

LOS últimos. Los últimos de la cola junto a Turquía, Grecia y México. De sesenta países, España es de los peores en lo que se refiere al nivel educativo de sus estudiantes, ocupamos los puestos más bajos de la tabla. Si se tratara de fútbol bajaríamos de categoría, si se tratara de exámenes tendríamos que repetir curso, porque el suspenso es absoluto, rotundo. El presidente del Gobierno, que echó a María Jesús Sansegundo al día siguiente de aprobar su ley de Educación, no ha dado la menor relevancia a lo que dice el informe PISA, se ha encogido de hombros con unos comentarios que si no fueran porque los hace todo un presidente de gobierno podría pensarse que son producto de la frivolidad de alguien que no sabe de qué está hablando. Ha dicho que los problemas de educación vienen de atrás -jamás hace autocrítica este hombre- y que el problema de los estudiantes de hoy es la escasa educación de sus padres. Y se queda tan ancho.

Se han cometido errores descomunales en lo que a educación se refiere, y lo peor es que se han cometido a pesar de que las reformas de los sucesivos gobiernos habían recibido las críticas argumentadas de los expertos antes de que esos proyectos se pusieran en marcha. Del informe PISA hay un dato verdaderamente preocupante: los jóvenes españoles tienen cierta capacidad para comprender las asignatuiras de ciencias, pero en cambio son los peores de Europa en lo referente a la comprensión de la lectura. Leen pocos, la cifra es irrisoria, y los que no lo hacen habitualmente no comprenden el significado del libro que tienen entre manos. Patético. Pero cuando ese dato lo ponen encima de la mesa, el presidente da a entender que la culpa es del franquismo, en lugar de lanzar un mensaje que dé a entender que se va a tomar en serio algo que es fundamental para un país, el que sea: elevar el nivel educativo. Es importante que la educación sea universal, es uno de los logros ejemplares de la democracia, pero de poco sirve la universalidad si nuestros hijos reciben una educación deficiente, paupérrima y equivocada, que no les permite afrontar la vida con cierta seguridad de salir adelante. Esa educación deficiente y paupérrima además abunda en las diferencias sociales: miles de españoles económicamente fuertes envían a sus hijos a completar estudios en el extranjero, conscientes de que con la formación que reciben en España, sólo con esa, no están preparados para afrontar con éxito las dificultades de la vida.

Nadie de este Gobierno parece decidido a enmendar los muchos errores actuales. Todo lo contrario: cada vez se cuida menos la enseñanza de una lengua universal como es el castellano, que además es la lengua compartida por todos los españoles, y no se insiste en la necesidad de conocer nuestra historia y nuestra cultura.

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